Alcoholismo antes de nacer

Hace siete años, Itziar fue a Smolensk (Rusia) a recoger a su hija Lucía de dos años y medio. Después de tramitar todo el proceso de adopción, llegaron a Barcelona y empezaron una vida juntas. “Mi hija estaba sana y sociable; eso sí, muy delgada, pesaba 7,8 kg, cuando lo normal a esa edad es superar los 10 kilos. Al principio, ese retraso lo achacaban a que había estado institucionalizada y no me preocupé, entraba dentro de lo normal. De hecho, en aquella época lo que me quitaba el sueño era un supuesto soplo cardiaco que podía tener, que nunca se le diagnosticó”, explica Itziar a EL MUNDO.
Fue pasando el tiempo y al año de estar en España no mejoraba y no hablaba. Fue cuando empezaron a saltar las alarmas. Lucía ya estaba escolarizada, un curso menos del que le correspondía, pero seguía entrando dentro de lo normal. Cuando ya pasó a Educación Infantil descubrieron que la niña era autista y su autismo estaba causado por el síndrome alcohólico fetal, más conocido como SAF. Como dice su madre, que es enfermera, su autismo es de libro. Ahora empieza a decir alguna palabra, pero se comunican con el lenguaje de signos que han tenido que aprender juntas. Desde que se puede expresar, su nivel de ansiedad ha ido bajando, pero ha sido complicado.

Visto en: El Mundo

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