Primarias en el PSPV: Al filo del abismo

LUIS PAREJO

Votar es un principio que define la legitimidad del poder democrático. Por eso, las primarias que realizan los militantes del Partido Socialista constituyen un gran avance en la democratización de las organizaciones representativas. Pero como todo proceso de confrontación, comportan un riesgo incuestionable al trasladar a la opinión pública la idea de división y lucha interna. En el caso de las actuales primarias a la Secretaría General del PSPV se le suma otro factor de riesgo, si cabe, al ser uno de los aspirantes presidente del Consell. De tal suerte que la batalla orgánica que se inicia ahora para descabalgar a Ximo Puig del liderazgo del partido, y que encabeza el alcalde de Burjassot, Rafael García, de triunfar, no solo provocaría un vuelco en la estructura interna del PSPV-PSOE, sino que tendría efectos demoledores sobre la credibilidad de Puig como presidente de la Generalitat. «Cómo se puede apoyar o votar a una persona que su partido no quiere», dirían inmediatamente las voces de la oposición. Porque no es posible, y nadie lo hará, separar el cargo político del institucional. Que nadie se equivoque: censurar a Puig como secretario general, comportará también censurarlo como presidente.

José Luis Ábalos, flamante secretario de Organización del nuevo PSOE, no se ha posicionado públicamente a favor del candidato alternativo a Puig, pero es indudable que una operación de este calado fructifica porque cuenta con su bendición. Las cualidades de Ábalos para el trabajo político en la organización del partido están suficientemente acreditadas en todos los años al frente de puestos orgánicos de responsabilidad. Se podría afirmar que no es que sea un hombre de aparatos, es que él mismo es el aparato. Por ello domina y controla también lo interno, en detrimento de la acción pública del partido. No de otra manera podemos entender que apueste tan decididamente, desde el minuto cero de su mandato, por descabalgar a Puig y no repare en las consecuencias políticas que ello comportará para el futuro de la Generalitat. No es comprensible que auspicie una candidatura alternativa en el plano orgánico y, sin embargo, no tenga en cuenta que nos costó 22 años tener un presidente socialista en la Generalitat.

Rafael García, que en estas primarias afirma ser la reencarnación de Sánchez en Valencia, sostiene que apoya a Puig como líder institucional, pero no como líder del partido. Una dualidad de pensamiento que, imaginamos, le obligará a adoptar férreas medidas de autocontrol para saber cuándo tiene que criticar y cuando alabar. Lo más recomendable es que divida el tiempo por franjas, que por las mañanas defienda que la gestión de Puig es lo más parecido a ese nuevo socialismo que predica Sánchez, mientras que por la tarde denuncie la mala gestión del partido y la necesidad de su cese. Sin estas pautas, se arriesga a desarrollar un discurso dual confuso, afirmando que Puig es buen presidente pero mal secretario general, que sabe gestionar pero no organizar, que da participación a los ciudadanos pero no a los militantes, que merece ser candidato y votado por los valencianos pero no por los socialistas.

Durante varios años, bajo el liderazgo de Ignasi Pla, fui responsable de comunicación del PSPV-PSOE. Trabajamos intensamente por denunciar la corrupción, el despilfarro y la mala gestión del PP; presentamos una moción de censura a Camps por las responsabilidades del Consell en el accidente del metro; y competimos electoralmente con un PP que tenía detrás el dinero de la Gurtel. Y ahora, después de tantas derrotas, cuando por fin un socialista preside de nuevo la Generalitat, me resulta incompresible que la lucha por el poder en el partido se anteponga al objetivo superior de consolidar un gobierno de izquierdas en las instituciones valencianas. Como diría Frank Underwood (House of Cards), «el camino hacia el poder está pavimentado de hipocresía».

Antonio Laguna es ex director de comunicación del PSPV-PSOE.

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