El peligroso silencio de Estzer que puede liberar a su maltratador

Eszer y la paliza ‘criminal’

La defensa del joven que dio una paliza a su novia en un portal pide al juez que anule la grabación porque algunos vecinos no querían

Si lo acuerda, el agresor podría salir de prisión si ella no lo denuncia porque el vídeo sería la única prueba

Estzer y la paliza ‘criminal’

09/12/2016 09:22

Puede que hoy Narkis saque pecho. Puede que hoy baile sobre la paliza que le dio a Estzer y que vio todo el país gracias a las cámaras de seguridad del portal en el que vive ella. Puede que no regrese a la cárcel después del juicio que se va a celebrar en su contra.

Puede que todo, que es mucho, se quede en nada. Puede que pase si Estzer no denuncia. Ella tiene la última palabra aunque de momento prefiera el silencio. Por muy peligroso que sea.

El abogado del joven ha pedido que se anulen las grabaciones que muestran cómo golpeaba y arrastraba sin piedad a su novia por el suelo de la portería aludiendo a que algunos vecinos de la comunidad no habían dado su visto bueno a la instalación de las cámaras y que, por tanto, atentaban contra su intimidad. Si se pisoteó el derecho de las personas que no querían la instalación del circuito, la paliza a Estzer podría quedar impune. Es la ley.

Ante la ausencia de una denuncia por parte de la víctima, las cintas son lo único que atestiguan los golpes. Sin ellas no habría prueba. Y sin prueba no habría proceso porque, hasta la fecha, Estzer se ha negado a declarar en su contra.El Narkis enfurecido y fuera de sí que no atendía a las súplicas de su pareja que se ve en los vídeos podría esquivar la responsabilidad penal si el juez decide que las cintas no tienen validez.

En caso de que diera recorrido a la pretensión del letrado, sólo Estzer podría darle la vuelta a las cosas. Su testimonio denunciando lo que pasó lo cambiaría todo. Pero desde el minuto cero, se negó a hablar, tal como avanzó EL MUNDO. Hizo un amago dos días después de la paliza cuando los agentes de la Guardia Civil le mostraron el vídeo de cómo su novio le pegaba sin clemencia.

Cuando visionó las imágenes todavía llevaba el collarín que le pusieron en el hospital para hacerle más llevadero el esguince cervical que le dejó la agresión. Estzer no tardó en quitárselo. Contemplar cómo Narkis le pateaba fue demasiado y ahí se arrancó para denunciarlo.

Incluso se sintió mal físicamente con cada secuencia de aquella paliza tan atroz. Se mareó y pidió marcharse a su casa para recomponerse. No se tenía. Se disculpó ante los agentes y les dijo que regresaría para ajustarle las cuentas a Narkis. Pero aquel primer impulso se frenó. Por miedo.

Eszer nunca más volvió y tampoco abrió la boca ante la juez y el fiscal una vez que Narkis fue detenido. Ni siquiera dejó que el forense le explorara. No quiso saber nada más de aquella mañana del 20 de noviembre. Pero la Justicia actuó por ella. Los vídeos -esos que, paradojas de la vida, son ahora la esperanza de la defensa del joven- eran incontestables y sirvieron a la juez para enviar a Narkis de inmediato a prisión. Después, se señaló el juicio. Hoy la pareja vuelve a verse las caras y esta vez Narkis tiene un as bajo la manga sobre el que el magistrado debe decidir.

Estzer sigue con el miedo en el cuerpo quizá porque sabe de lo que Narkis es capaz. El joven tiene un generoso historial delictivo que incluye pertenencia a grupo criminal, secuestro, lesiones y conducción sin carné.

Inicialmente, la Fiscalía pide para él nueve meses de prisión por un delito de maltrato y a esa pena se enfrenta hoy en una vista en la que puede pasar de todo.

Hay distintos escenarios, a cual más dispar. El primero, el que la defensa persigue, presenta a un Narkis abandonando el Palacio de Justicia de Alicante sin grilletes camino de su casa. Eso sucedería en caso de que el juez dictara su sentencia soto voce, es decir en el acto.

El otro, sitúa al joven de vuelta a la prisión a la espera de la sentencia sobre la paliza que recibió su novia. Y un último, muy parecido al anterior pero completamente remoto, es el de Estzer narrando el maltrato que sufrió y declarando en contra de Narkis. Casi nadie confía en que esto suceda. El juez tiene la última palabra ante la estrategia de Narkis y el silencio de Estzer.

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