El Getafe vuelve a Primera un año después de descender

24.06.201723:07 H.

El Getafe vuelve a Primera División, no ha tardado ni un año en retomar la senda de la élite. Y nada más importante que esto. El descenso es un dolor que no se quita, pero mucho peor que descender de categoría es no encontrar la manera de retornar por la vía rápida. Porque un año en Segunda es algo afrontable, se pasan estrecheces, pero el club no se ahoga. No lograr la vuelta en la primera temporada es el infierno, ahí empiezan los problemas de verdad.

El conjunto azulón ha necesitado el ‘playoff’ y bastante épica para volver a la máxima categoría del fútbol español. Su última víctima, el Tenerife, llegaba al Coliseo con la ilusión de un sueño que, a principio de temporada, parecía lejano. Los canarios son hoy por hoy un equipo de Segunda al que, si las cosas se le dan bien, puede plantearse la machada. Su rival era un conjunto pensado y planeado para subir, y al final se terminó imponiendo ese potencial de la plantilla.

Portillo y Pacheco fueron la clave para que el Getafe ascendiese. El segundo por marcar dos goles, por ser más listo que el resto y suplir los goles que no tuvo Jorge Molina, tradicional artillero de los del sur de Madrid. En el fútbol no hay nada más caro que el gol, quien tiene un buen delantero encuentra con mayor facilidad del éxito que cualquier otro. Los azulones tienen dos.

En cuanto a Portillo, es el típico jugador al que no tiemblan las piernas en una tarde complicada. Esta lo era, porque lo que estaba en juego era toda una temporada. No remontar el 1-0 que tenían en contra desde Tenerife era lo mismo que perder la temporada. Portillo, canterano del Málaga, no terminó de romper en un jugador de élite, pero se quedó en un jugador apañado, de Primera, capaz de organizar el ataque y dar calma a un equipo que en varias ocasiones se vio fuera de escena.

Y eso que la cosa empezó muy bien para los madrileños. En el minuto 12 iban 2-0 y parecían encaminados a borrar del mapa al Tenerife, con una goleada incluso. Faurlin primero, Pacheco después. Todo de cara para los madrileños. Pero el fútbol da muchas vueltas y, unos minutos después, llegaba el Choco Lozano para poner a los suyos por delante en la eliminatoria. Un remate rápido a pase de Gaku, ese japonés al que se le estaba poniendo cara de héroe canario, pues ya había marcado en el partido de ida.

Duró 20 minutos la alegría al Tenerife, y es que los canarios no eran capaces de contener a un equipo que estaba jugando mejor y dominando el encuentro. Un conjunto que, en realidad, suena mejor pieza por pieza y tiene una ambición mayor. Un club con necesidad de subir y las herramientas para hacerlo. Fue de nuevo Pacheco, antes de que terminase la primera mitad. Una vez más resolviendo una jugada que se estaba ensuciando, porque los goleadores son así, simplifican lo que se encona.

El efecto Bordalás

Este Getafe es una historia de éxito. Desde que bajaron a Segunda, con un equipo que, probablemente, tendría que haberles dado para mantenerse en Primera, fueron candidatos al ascenso. Ese favoritismo no quiere decir, en absoluto, que las cosas hayan sido sencillas. Más bien al contrario, el inicio de temporada no fue bueno y en la gerencia se dieron cuenta de que con la propuesta que tenían encima de la mesa no iban a ningún lado. Ángel Torres destituyó a Esnáider y contrató a José Bordalás, que ya había ascendido al Alavés un año antes.

Y aquello fue mano de santo. Bordalás es un entrenador que conoce la categoría, y nada hay más importante en la Segunda que eso. Porque los conocimientos técnicos los tienen muchos, pero no todos saben cómo afrontar un campeonato larguísimo en el que todos los equipos tienen altibajos y en el que nunca parece llegar el final. Mucho menos aún si, como en este caso, se termina con el bochorno de julio y la necesidad de unas eliminatorias siempre marcadas por la tensión.

Bordalás no ha tenido grandes oportunidades en Primera, pero los equipos que están abajo saben que llamarle a él es encontrar a un conseguidor, un técnico que saca rendimiento a sus equipos, que es de lo que se trata. Cuando él llegó a Getafe se abrieron los cielos, el equipo empezó a ganar, primero se asentó en el playoff, llegó incluso a agobiar al Girona, que veía que no se metía y que tenía que caer de nuevo a las eliminatorias. No llegó a tanto la cosa, pero los madrileños se reafirmaron como el coco para esta fase de la temporada. Y al final, no sin problemas, terminaron consiguiendo su objetivo.

¿Cuánto vale un Bordalás? Es fácil de cuantificar, al menos 40 millones de euros. Esa es la diferencia entre estar en Segunda o en Primera, y eso sin contar con entradas, mercadotecnia y los beneficios derivados de jugar contra los clubes más grandes del mundo. El Getafe, un club de afición modesta, se ha acostumbrado a codearse en esos páramos y la posibilidad de un año más en el infierno era motivo para dar pavor. No pasará, han vuelto.

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