Alejandro Valverde abandona el Tour de Francia tras sufrir una fuerte caída

01.07.201714:43 H. – Actualizado: 1 H.

Ni una etapa completa ha durado el Tour de Francia de Alejandro Valverde. No podrá ayudar a Nairo, que en principio era su cometido en este escenario. Se quedará sin ningún triunfo parcial, algo que en un corredor de su clase siempre es una opción probable. No estará entre los diez mejores al final de la competición, clasificación que ha logrado seis veces en su carrera.

El Tour no ha perdido a su vencedor en las primeras pedaladas, pero sí uno de sus reclamos. Porque Alejandro Valverde es uno de los grandes corredores del pelotón, de los carismáticos y, sin duda, de los que hace más atractiva una carrera. Sin él la vida sigue, pero es indudablemente algo peor, más gris y más triste. Más parecida a esa tarde de perros en Düsseldorf que le tiró al suelo y le dejó sin Tour.

Todo es duro, más aún para Nairo Quintana, claro, que ve desde el primer día que su ya de por sí difícil intención de ganar la prueba se vuelve un poco más complicado. No es lo mismo que te lleve el murciano a que lo haga cualquier otro, con menos motor, menos piernas y menos saber hacer que él. Sí, es cierto, se puede dudar del compromiso de Valverde como gregario. Pero tener un corredor con esas piernas cerca siempre es una ayuda.

Düsseldorf era un lugar extraño para empezar un Tour. Una ciudad alemana que ha pagado lo suficiente para tener el inicio de la mayor competición del mundo del ciclismo. Un sitio para comenzar, tan bueno como otro cualquiera, pensarán los organizadores. El pavimento estaba mojado, porque en este verano, en Europa, llueve. Y eso es un riesgo añadido, por supuesto.

Alejandro Valverde no es de los que se ahorran esfuerzos, ni mucho menos. Podía haberse tomado la tarde con calma, no en vano era un gregario de lujo a quien no debe de importar demasiado el cronómetro. Pero ese no sería Valverde, un ganador extremo, un ciclista con un palmarés tremendo como el suyo, de los mejores de todo el pelotón mundial. A él eso de resguardar y pensar en mañana no le pega.

Valverde es habilidoso y eso le da una confianza personal que, en esta ocasión, resultó excesiva. Tenía que tomar una curva a la izquierda, llevaba la posición aerodinámica e iba claramente pasado de velocidad. No redujo y las ruedas empezaron a patinar, él intentó sacar su pierna izquierda para amortiguar el golpe, pero casi fue peor el remedio que la enfermedad. La bicicleta empezó a caer y él terminó estrellándose contra la valla más cercana, decorada con una bandera de la provincia holandesa de Limburgo.

La bicicleta por un lado y el cuerpo de Valverde por otro. No hay más remedio que llamar a la ambulancia y evaluar en el hospital si esa caída ha ocasionado fracturas. El resultado de la exploración: fractura de rótula y astrágalo y corte en la tibia, según confirmó el Movistar. El ciclista fue operado la pasada noche y se perderá lo que resta de temporrada.

El drama para el Movistar es evidente, porque no solo pierden a uno de sus efectivos, eso sería tanto como decir que Valverde es uno más. Y no, no lo es. No, no lo es, a los 37 años parece haberse caído en la marmita de la eterna juventud. Su inicio de año es envidiable para cualquiera de sus compañeros. Victoria en la Vuelta a Murcia, en Andalucía, en Cataluña, en el País Vasco, en la Flecha Valona y la Lieja-Bastoña-Lieja. ¿Quién da más? Nadie. Hace tiempo que decidieron que ya no era el hombre de las grandes vueltas, Nairo está más cualificado para ello. Pero el murciano sigue yendo cada año a las carreteras francesas. Como gregario y, también, como verso libre. Porque a ver quién le cuenta a un tipo de su clase que tiene que pararse cuando las piernas le funcionan.

Chris Froome.
Chris Froome.

Y el Sky a lo suyo

Movistar es, o debería ser, el equipo que aspira a desbancar al Sky. Tienen a Nairo Quintana que, en buena lógica, es el principal aspirante a quitarle el trono a Chris Froome. No falta presupuesto y algunos aseguran que es el mejor equipo del mundo, pero en ocasiones el deporte te da golpes de realidad en una sola tarde. No es solo perder a Valverde, que por supuesto es un golpe duro y doloroso. Es algo más.

Cuando Eusebio Unzué, director del equipo, mire la clasificación, se va a encontrar un mar del Sky en las primeras posiciones. Es solo un aviso, un prólogo como el de Düsseldorf no decide una carrera. Pero, aunque sea solo eso, el ruido se hace grande. Geraint Thomas ganó la primera etapa y se enfundó el amarillo. Entre los ocho primeros también se colaron Kiryienka (3º), Kwiatkwoski (8º) y, por supuesto, el propio Chris Froome, que fue sexto y con esa posición empieza ya a marcar distancias.

36 segundos a Nairo, 42 a Contador, no diferencias insalvables, no es es eso, pero un primer aviso a navegantes. Para ganar este Tour de Francia van a necesitar que los astros se alineen a su favor porque, a nadie se le escapa, aquí hay un favorito y el resto están a ver si suena la campana. Froome ha tenido una preparación algo más discreta que en otras temporadas, pero en la primera etapa ya le dio para recordarle al resto que, en la actualidad, no hay un ‘vueltómano’ como él.

La preocupación es lógica para el Movistar. Parte de la táctica prevista para la carrera se esfumó en un golpe, un mal cálculo de probabilidades y una película de agua sobre el alquitrán terminan llevando al segundo de abordo al hospital. Esas cosas no pasan en el Sky, todos sus corredores parecen milagreros, de los que no sufren caídas y siempre están a punto para ayudar a un líder que, en todo caso, tampoco es de mucho sufrir.

Queda mucho Tour. Hay un guion escrito, pero eso no quiere decir necesariamente que esa vaya a ser la representación final. Las primeras escenas se parecen a lo de siempre. A ver cómo sigue esta película.

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