Vino, cerveza… y salud: no es ciencia, es marketing

El debate de los beneficios frente a los perjuicios sobre la salud en la ingesta de bebidas alcohólicas es un tema que genera mucha controversia mediática. Este post analizará las claves para entender cómo es posible que el mensaje sea más o menos complaciente o restrictivo.

Aunque en su día ya se trató el tema del consumo de alcohol y la salud en Saludabit, hoy el enfoque es diferente. Y es que, cada día y en diversos medios de comunicación, asistimos a la exaltación a través de la salud del consumo de ciertas bebidas alcohólicas, más en particular del vino y de la cerveza. Así, no es nada infrecuente que las noticias y los titulares de este tipo sean el punto de partida de enconados debates, tanto en las redes sociales como en la calle, entre quienes ponen en alza y justifican el consumo de este tipo de bebidas convertidas, poco menos, en el bálsamo de fierabrás y sus detractores. Entre los últimos, es necesario aclarar que la mayoría no es que estén en contra por sistema de este tipo de productos, simplemente se oponen a considerar cualquier tipo de bebida alcohólica como una llave para lograr la salud eterna. Y no, no se trata de una exageración. A través del constante bombardeo de retorcidos titulares hemos podido tomar conciencia de las alegaciones de salud más extemporáneas posibles que relacionan tanto al vino como a la cerveza con la mejora de casi cualquier enfermedad o condición de salud. Como digo los ejemplos se cuentan por decenas, en especial, cuando una misma “noticia” es replicada hasta el aburrimiento en infinidad de medios y se relaciona el consumo de estas bebidas con: la mejora de la salud cardiovascular, de la salud ósea, de la infertilidad, de la diabetes, del deseo sexual, del rendimiento deportivo, de la obesidad, de la caries, del riesgo de cáncer, de la fibromialgia… y así un larguísimo etcétera.

Las alegaciones de salud sobre las bebidas alcohólicas están prohibidas

Sobre la legalidad de poder o no hacer declaraciones de propiedades saludables en la publicidad, etiquetado y venta de las bebidas alcohólicas no merece la pena despeinarse demasiado ya que el texto legal que regula estas cuestiones es explícito y no deja margen para la duda. De esta forma el Reglamento (CE) nº 1924/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos sostiene en su artículo 4, apartado 3, que en las bebidas con una graduación superior al 1,2 % en volumen de alcohol (más de 1,2 grados) no podrán figurar declaraciones de propiedades saludables, ni declaraciones nutricionales diferentes de las que se refieran a una reducción del contenido de alcohol o de energía. Es decir, no se puede mencionar, ni por asomo, los supuestos beneficios que algunos estudios han creído encontrar al respecto del consumo de esas bebidas alcohólicas y su efecto sobre la salud en cualquier sentido (ya sea cáncer, diabetes, osteoporosis, enfermedad cardiovascular, infertilidad, caries, etcétera). Ninguna. Este apartado es fácil de comprender si tomamos como ejemplo el de un producto que sí realiza alegaciones de propiedades saludables, como el caso del ínclito Actimel de Danone. En este producto se puede contrastar que tanto en su publicidad como en el etiquetado se menciona que el consumo del mismo “ayuda al normal funcionamiento de tu sistema inmunitario”, una práctica que aun suponiendo desde mi punto de vista un engaño tácito, cumple al menos con la legislación, al reunir todas las condiciones para poder hacer este tipo de alegaciones (el ya mencionado RE 1924/2006 y también el RE 432/2012). Pues bien, centrándonos en el tema de hoy, ninguna bebida alcohólica con más de 1,2 grados puede hacer este tipo de alegaciones. Esta es una razón, entre otras, por la que es imposible encontrar en las etiquetas o en las acciones publicitarias de vino o cerveza las alegaciones que sí se encuentran cada día en los periódicos y en Internet al respecto de los presuntos beneficios en la salud derivados de su consumo.

La razón de que las bebidas alcohólicas sean objeto de esta restricción radica en conocer las intenciones del legislador al dejar claro que el uso de alegaciones de propiedades saludables sin un adecuado control podría alentar a los consumidores a tomar decisiones de forma contraria a los conocimientos científicos y por tanto a las recomendaciones generales de salud. Y el alcohol es, a tenor de esos conocimientos y por encima de cualquier otra consideración, una sustancia teratogénica, neurotóxica, adictiva, inmunosupresora, perjudicial para el sistema cardiovascular, y cuyo consumo aumenta el riesgo de muerte.

La cuestión no es baladí y tiene importantes implicaciones. De hecho, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicó su documento de postura científica al respecto de poder hacer (o no) alegaciones de salud sobre el concepto “dieta mediterránea” y su respuesta fue negativa en base a dos ideas centrales. Por un lado, que dicho concepto estaba muy mal definido, que no había forma de identificar un único patrón dietético mediterráneo debido a sus diversas interpretaciones científicas y; por el otro —y esta es la madre del cordero— que al ser el consumo de vino un denominador común en el constructo dietético-mediterráneo, y que al tener esta bebida más de 1,2 grados de alcohol era imposible permitir hacer alegaciones de salud sobre la dieta mediterránea.

Los grupos de presión del vino y la cerveza en España

Pero estos pequeños inconvenientes legales no son obstáculo para una de las maquinarias más potentes dentro de la industria alimentaria, la Big Alcohol tal y como le gusta definir a la OMS a este sector. Y si esta industria es poderosa a escala global, ni que decir tiene de su poder en el panorama nacional.

Así, en la pasada década de los 90 se crearon dos instituciones, sendos grupos de presión, que representan cada una por su lado los intereses de ambos sectores, los del vino y los de la cerveza. Su fin último, más allá del buenismo y de la corrección política de sus estatutos, es poner en alza y presionar a los consumidores desde diversos frentes, entre los que destaca el rodear su actividad del oropel y el boato que para la ciudadanía tiene el “celofán científico”. De este modo, nacieron por un lado la Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición (FIVIN) y, por el otro, el Centro de Información Cerveza y Salud (CICS). Para darnos cuentas de sus orígenes y del objeto de su representación basta con acudir a sus respectivas páginas web. En el caso de FIVIN, y al tratarse de una Fundación, su patronato está constituido por diversas firmas cuyo origen fundacional y objeto de negocio está centrado en la producción de bebidas alcohólicas (Bodegas Vega Sicília, S.A.; Codorniu, S.A.; Félix Solís Avantis; Freixenet, S.A.; González Byass, S.A.; Grupo Osborne, S.A.; Grupo Faustino; J. García Carrión, S.A.; Miguel Torres, S.A.; Pernod Ricard Winemakers Spain). Además, dentro de su página de “Patronato” se cita la presencia de decenas de Consejos Reguladores de diversos vinos, así como la de infinidad de bodegas.

Por su parte, el origen del Centro de Información Cerveza y Salud no difiere demasiado del anterior. En su página sobre “nosotros” se reconoce que el CICS está promovido por la Asociación de Cerveceros de España. Esta entidad promotora del CISC, en sus propias palabras, fue fundada por las compañías cerveceras: Mahou, San Miguel, Heineken España, Grupo Damm, Hijos de Rivera (para que nos entendamos, “Estrella Galicia”), Compañía Cervecera de Canarias y La Zaragozana; que producen en España las principales marcas y a las que se están sumando ya las nuevas compañías cerveceras distribuidas por todo el territorio nacional.

Es pocas palabras, tanto FIVIN como CICS nacen al abrigo de sendos consorcios del vino y la cerveza que, contando previamente con sus respectivas organizaciones asociativas, se plantean en un momento dado la creación de sendas plataformas “informativas” con una estrategia común: inundar los medios de comunicación con noticias “científicas” sobre los beneficios para la salud derivados del consumo de aquellos productos que son objeto de su negocio.

Si las alegaciones en la publicidad están prohibidas, hagamos “noticias”

Visto que legalmente no se puede publicitar ni incorporar en el etiquetado de vino y cerveza alegación alguna de salud, lo que queda y que quizá sea más útil para los fines perseguidos, es generar un cuerpo de “estudios científicos” que publicados (o no) en revistas indexadas sirva para generar notas de prensa que, una vez remitidas a las correspondientes agencias de noticias, sirvan para anegar con los complacientes titulares que estos grupos de presión persiguen en la prensa escrita y digital. Para ello, es preciso contar con un “Comité Científico” y dejar constancia de ello en sus respectivas webs. De hecho, tanto FIVIN como CICS hacen gala de sendos comités de este tipo nada más entrar en la página que sirve para autodescribirse. No será tampoco por casualidad que varias personas de dichos comités repiten presencia en uno y otro lado. Serán estas personas las que llegado el momento presten su voz e imagen para defender el consumo de estas bebidas en los correspondientes medios, en encuentros científicos (por ejemplo en los colegios de médicos) o en congresos de diversa índole. Resulta especialmente significativo que la aparición de estas personas en los medios de comunicación siempre esté caracterizada por la ausencia de su relación con los correspondientes comités científicos del FIVIN y CISIC. Por poner solo un par de ejemplos, una de las personas más activas en la promoción mediática del vino (o la cerveza) es el Dr. Ramón Estruch, persona que encabeza los comités científicos de ambas organizaciones de bebidas alcohólicas, pero que rara vez es mencionado como tal, sino como consultor del Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona, profesor asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona o miembro del Comité de Dirección del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER) del Instituto de Salud Carlos III… véase este ejemplo. Atrás no se quedan la Dra. Rosa María Lamuela o el Dr. Jesús Román, entre otros muchos, que siendo miembros de los citados comités de FIVIN o CICS, callan su filiación con ellos a la hora de hacer su aparición en los medios.

Para que nos hagamos una idea, el proceso para generar un buen clima social sobre el consumo de vino y cerveza a través de la salud es el siguiente:

  • Los productores crean un grupo de presión con aspecto científico e independiente al que se le dota de sus correspondientes comités, y llegado el caso, con becas de investigación.
  • Se genera la correspondiente nota de prensa que se envía a las agencias o a los medios directamente y ya tenemos el titular complaciente. En muchas ocasiones, finamente tamizado por el amarillismo nutricional del que tanto gustan hacer gala a algunos medios.
  • Año tras año se vuelven a enviar notas de prensa basadas en los estudios ya publicados. La idea es inundar los medios constantemente con ese tipo de “noticias”, aunque años atrás ya se hubiera hecho lo mismo tomando de punto de partida un mismo estudio.

Seamos prácticos y reconozcamos que, además, el peligro de esta forma de obrar radica también en el fácil acceso que tienen los menores de edad a este tipo de información en los medios generalistas y que pueden, llegado el caso, iniciarse en el consumo de este tipo de bebidas con una sensación de complaciente tranquilidad. Recordemos al fin y al cabo las recomendaciones de la OMS a este respecto cuando señala lo complicado de orientar la mercadotecnia a consumidores adultos sin exponer al mismo tiempo a ella a cohortes de adolescentes que no tienen la edad mínima legal para beber alcohol. La exposición de niños y jóvenes a técnicas de marketing cautivadoras causa especial inquietud […]

El asunto de “los médicos dicen que una copita es saludable”

Nunca ha sido buena idea lo de tomar la parte por el todo, y es que eso de que los médicos, así en general, recomienden el consumo de alcohol (moderadamente) a través de la salud, es más falso que un euro de madera. De hecho, hay médicos que sí y hay médicos que no. Pero en este caso, también merece la pena hablar de “profesionales sanitarios” en vez de “médicos”… porque en todos los gremios sanitarios cuecen habas.

Supongo que en parte del personal de la OMS que se dedica a hacer recomendaciones sobre el consumo de alcohol habrá algún profesional sanitario. Pues bien, el parecer general de la OMS a este respecto es que jamás se debe hacer promoción de cualquier medida de cualquier bebida alcohólica aprovechando sus presuntos beneficios, ya que al hacerlo se pasa por encima de los muy conocidos riesgos o perjuicios que son netamente superiores a los supuestos beneficios. Pero tampoco la OMS es la única. Entre otros colectivos sanitarios merece la pena destacar:

  • La Asociación Americana del Corazón (AHA) quien afirma que “no es recomendable beber vino ni cualquier otra bebida alcohólica para conseguir los potenciales beneficios cardiovasculares”.
  • El Institute of Alcohol Studies que sostiene que “el alcohol aumenta el riesgo de enfermedad de forma geométrica a la dosisy sin que exista un efecto umbral”.
  • La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria en ningún caso, los profesionales sanitarios deben enfatizar públicamente las posibles ventajas del consumo moderado, porque es un mensaje equívoco, ambiguo y peligroso”.

Los peligros en la expresión “consumo moderado”

Lo cierto es que a día de hoy, tanto FIVIN como CICS enfatizan sus mensajes salutíferos poniendo el acento en aquello del consumo moderado o responsable. Pero resulta que tal y como sucedía con lo de la “dieta mediterránea” no hay ni un solo consenso científico a la hora de definir lo de “moderado”. Según países, podemos encontrar más de una decena de definiciones para cuantificar una ración estándar de bebidas alcohólicas (en base a su contenido alcohólico) y otras tantas para definir consumo “de riesgo” (por debajo del cual se consideraría moderado).

Nuestra legislación, en España, también se ha centrado en la obligatoriedad de incorporar en la publicidad de bebidas alcohólicas una leyenda llamando a la moderación y responsabilidad en su consumo. Eso está fenomenal, pero constituye un magnífico brindis al sol. Lo digo porque en las páginas del Ministerio de Sanidad se encuentra un documento muy esclarecedor al respecto del sinsentido implícito de recomendar moderación en el consumo de una sustancia de carácter adictivo. En él se afirma que el “consumo responsable” es un concepto que no existe ni en la OMS ni en ningún glosario o léxico reconocido por instituciones sanitarias, soliendo ser un término comodín usado por la industria para… ¿lavar su conciencia? Además de incidir en el absurdo de invitar al consumo responsable de sustancias adictivas, poniendo dicha capacidad a prueba en el ejercicio de la responsabilidad personal.

En resumen

Los únicos que ven beneficios en la salud a través del consumo de bebidas alcohólicas (como el vino y la cerveza) son aquellos que tienen en este tipo de productos destacados intereses comerciales.

Son ellos los que han ideado una estrategia para, no pudiendo usar las alegaciones en la publicidad directa, machacar el “conocimiento” popular a partir de la publicación de estudios subvencionados para promocionar sus productos. Estudios entre los que es imposible encontrar ninguno que ponga una nota disonante al respecto de sus beneficios.

Para ello se rodean de personas que —quien sabe si a cambio de algún tipo de contrapartida— se prestan al juego, que siempre son los mismos y que en la mayor parte de los casos ocultan su filiación con el organismo al que pertenecen.

A día de hoy, los profesionales que recomiendan abiertamente el consumo de bebidas alcohólicas utilizando la salud como ariete o bien están en el ajo o bien no están al corriente de lo que su profesión les exige: actualización.

La actual evidencia al respecto de los efectos poblacionales sobre la salud de las bebidas alcohólicas es francamente desoladora, como para que haya alguien que, en contra de esa evidencia, se esfuerce en convencernos de todo lo contrario.

Existe un viejo aforismo latino que sentencia In vino veritas (en el vino encontrarás la verdad) que a algunos les sirve para loar las virtudes de este caldo. Al parecer, no saben o desconocen que este aforismo hace referencia a la capacidad para “aflojar la lengua” en el camino hacia la melopea. Pero lo que de verdad parecen desconocer es el final de la sentencia que, es cierto, comienza con In vino veritas, pero acaba con In aqua sanitas (en el agua la salud).

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