Un circuito de 54 millones, liquidado a precio de saldo

Estado del circuito de la F1 en Valencia tras años de abandono. BIEL ALIÑO

Poco, apenas algunas partes del trazado y algunos elementos del mobiliario que sirvieron para encauzar el paso de los monoplazas, queda ya del circuito urbano de Fórmula 1. Desde que en junio de 2012 el último coche recorriera la pista integrada en la Marina, el deterioro se había ido apoderando de un entorno que durante cuatro años fue el escenario de uno de los grandes proyectos fallidos de la Generalitat.

No fue, sin embargo, hasta el cambio de Gobierno en las instituciones valencianas cuando el verdadero proceso de desmantelamiento comenzó de manera inexorable para borrar prácticamente toda huella de la Fórmula 1 en la ciudad de Valencia, el proyecto estrella de Francisco Camps que no debía costar ni un euro a los valencianos y cuya factura finalmente alcanzó los 40 millones de euros, según los datos facilitados por la Generalitat al Ayuntamiento de Valencia.

El primer paso fue la subasta del mobiliario de los boxes, las instalaciones compartidas por pilotos y escuderías durante el desarrollo de las carreras que se ubicaron en los tinglados 4 y 5 de la Marina. La liquidación de todos los bienes muebles (aires acondicionados, sanitarios, luminarias, etc) debía servir para compensar la inversión realizada por la Generalitat para acondicionarlos de cara a las carreras y que alcanzó los 14,6 millones. Una vez vacíos, se iniciaron los trabajos de demolición de las instalaciones levantadas en su interior para acoger los bólidos. Un proceso ya finalizado y necesario para que el consistorio desarrollase su nuevo proyecto para este espacio: una zona cubierta para actos públicos y diversas actividades.

Pero el golpe definitivo al circuito se produjo hace casi un año, cuando la Generalitat y el Ayuntamiento levantaron la protección de la que gozaba el trazado de asfalto, un blindaje que impedía que se pudiese realizar intervención alguna que quebrase su estructura.

De esta manera, el futuro urbanizador del PAI del Grao, un suelo que adquirió Atitlan, el grupo inversor de Roberto Centeno y Aritza Rodero por un montante cercano a los 28 millones de euros, se liberaba de afrontar como un coste extra los 40 millones que costó el asfaltado especial y la infraestructura para la F1, una cifra inasumible para cualquier desarrollo urbanístico. El cambio, además, daba vía libre al consistorio para trazar sin cortapisas el nuevo barrio del Marítimo a las faldas de la Marina, antes sujeto a las líneas establecidas por el circuito de la Fórmula 1.

En el mismo trámite, de hecho, el consistorio aprovechó para eliminar uno de los elementos estrella del PAI del Grao: los canales navegables que llegaban hasta el mar. Ahora, el consistorio, sin las hipotecas que marcaban los vestigios de la Fórmula 1 está a la espera de acabar de desarrollar uno de los PAI más ambiciosos de la ciudad, donde la ex alcaldesa Rita Barberá planteó una gran zona verde rodeada de una decena de rascacielos. Ahora, deben ser los propietarios del suelo quienes decidan cómo desarrollarlo y presentar un proyecto al Ayuntamiento. No obstante, con el estancamiento inmobiliario (a pesar del tímido despertar en la ciudad) no parece posible que se ejecute el plan original sin modificaciones. Y menos si los urbanizadores deben asumir una parte del coste del circuito de Fórmula 1. Y es que, aunque ya no tengan que asumir la carga completa, los promotores sí tendrán que hacerse cargo de la infraestructura que permanezca y que puedan utilizar como las canalizaciones o partes del asfalto. Si es que para entonces queda algo.

Let’s block ads! (Why?)

Notas recomendadas

Déjanos tu comentario, tu opinión importa