Las mujeres estibadoras rompen amarras: «Tratan de hacernos invisibles pero no lo lograrán»

Trabajadoras de los puertos españoles en el encuentro celebrado ayer en Valencia. BARRET

Son el 5% de la estiba en España y se reivindican 20 años después de acceder a los muelles

El 82% de todas las estibadoras del país trabajan en el Puerto de Valencia

«Este es un muy trabajo físico y por eso se ha considerado masculino. Pero las mujeres nos estamos abriendo paso», dice Rocío

Son minoría en los puertos españoles, pero trabajan en las mismas condiciones que sus compañeros varones. Bajo un sol abrasador o a altas horas de la madrugada se juegan la vida a decenas de metros de altura para cargar y descargar la mercancía marítima. Las mujeres estibadoras rompen amarras y alzan la voz para desmentir las voces que acusan a este colectivo de machista. «Somos mujeres estibadoras, existimos, y estamos perfectamente integradas en este colectivo heterogéneo, bien avenido y solidario. Somos parte de esta gran familia, respetadas igual que cualquier otro miembro», reza el manifiesto reivindicativo del primer encuentro de Mujeres Estibadoras, que se celebró ayer en Valencia.

No es casual que chicas de Málaga, Bilbao, Tarragona, Castellón, Sevilla, Barcelona, Cádiz o Las Palmas eligieran esta ciudad para visibilizarse. El 82% de todas las estibadoras del país trabajan en el Puerto de Valencia, donde suponen cerca de un 20% de la plantilla. A sus 33 años, Natalia lleva una década trabajando en estos muelles. Hija de viuda de estibador, accedió como eventual después de superar las mismas pruebas que los hombres. Tanto físicas como formativas. «No fue sencillo. Estaba bastante desconectada de este mundillo, pero me enteré de que había una convocatoria y me preparé para ello», afirma.

Sin antecedentes familiares en la estiba, Laia, natural de Lleida, decidió a presentarse a los exámenes del Puerto de Barcelona con apenas 23 años y la licenciatura de Traducción e Interpretación bajo el brazo. «Mi pareja me lo propuso y al año siguiente probé suerte».Para acceder directamente a la categoría 3, como controladora de mercancías, tuvo que enfrentarse a pruebas específicas de inglés e informática, además de las físicas. No representaron un obstáculo para ella.

Quince años después sus compañeros ya son prácticamente de la familia. Laia no se siente un bicho raro a pesar de que las féminas son minoría en los muelles. Apenas representan el 5% de la plantilla de estibadores en España si bien esta cifra ha crecido rápidamente desde que en 1995 entrara la primera mujer a la bolsa de trabajo de Valencia. Natalia coincide en la valoración de su compañera catalana. «No hay diferencias con los hombres. Hacemos el mismo trabajo; la sociedad se ha modernizado. Los más jóvenes te tratan de igual a igual y los mayores quizás te cuidan más, te ven como una hija. Pero no se trata de que te echen una mano», bromea.

Natalia se prepara ahora para acceder a las tareas de trincaje, las más duras y peligrosas porque requieren de un importante esfuerzo físico. No son aptas para trabajadores con vértigo ya que se desarrollan a decenas de metros de altura. Rocío, 47 años y cuarta generación de portuarios, sabe bien de qué se trata. Le tocó desempeñar esta función al poco de ingresar en la estiba.

Fue la primera en hacerlo en Málaga. Hoy suma 12 años como indefinida. «Este es un muy trabajo físico y por eso se ha considerado masculino. Pero las mujeres nos estamos abriendo paso», explica. Si no hay más en activo es porque durante los últimos años no se han abierto convocatorias de empleo en la mayoría de puertos del país, aseguran.

La más veterana no cree en la necesidad de aplicar una política de cuotas: «Queremos igualdad en todos los sentidos. Tienen que entrar los más preparados al margen de su sexo». Hasta ahora, las profesionales han rendido al mismo nivel que sus compañeros varones. Y son, además, muy apreciadas en las tareas de extrema precisión. Como, por ejemplo, las grúas. «Qué voy a decir, pero es son muy buenas, muy habilidosas manejándolas», presume Natalia.

Las características de este empleo no contribuyen precisamente a conciliar la vida laboral y familiar. Cada día se les informa de si trabajarán o no con muy pocas horas (a veces minutos) de antelación y esto dificulta la organización en casa, sobre todo si hay hijos de por medio. Con tres niñas a su cargo, Rocío demuestra, sin embargo, que es posible ser estibadora y madre. «Mi vida es un desorden organizado», confiesa con una media sonrisa. A todas les molesta que el Gobierno insinúe que no hay lugar para ellas en los puertos. A su juicio, no existe discriminación. Ni salarial ni de trato: «Tratan de hacernos invisibles pero no lo lograrán».

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