La Falla Infantil de Convento Jerusalén se lleva el primer premio de Especial

La falla infantil de Convento gana el primer premio sección especial MAO

Convento de Jerusalén aúna originalidad plástica y una técnica deslumbrante. La categoría se dirime entre las fallas de autor y las que se aferran a la línea premiable

15/03/2017 22:00

No, no basta con estar en Especial para serlo. Y no basta con hacer una falla pequeña para que llegue a su público objetivo: el infantil. En la mayoría de talleres falleros las nuevas ideas surgen por inercia o por la persecución del premio. Hay una ley no escrita para conseguir el galardón en la máxima categoría: atiborrar el formato. Tres metros de diámetro y una directriz: llenarlo todo, tan fácil y arbitrario. Ahora la sección Especial infantil, con solo 10 participantes, muestra dos tendencias claras entre los que continúan apelotonando según la tradición y los que dejan aire para respirar nuevas fórmulas e ideas.

El proceso desde que se presentan los bocetos hasta que se plasman sobre el asfalto está tan calculado que ha acabado con los intentos de improvisación, que a veces aportaban frescura. La excepción, la interacción con los niños, queda fuera de concurso en la falla municipal de Anna Ruiz y Giovanni Nardin. Se han convertido en un fetiche de innovación y lo demuestran desde el concepto: permitiendo el acceso a los más pequeños para tocar la falla, leerla y reconocer personajes que animan a la lectura de ficciones universales, alimento para la imaginación. Es un cambio no exento de polémica. Pero ‘Descobrir i redescobrir’ es la falla que habrían necesitado conocer de niños quienes hoy, de adultos, la critican con prejuicios.

En la sección Especial, la creación artística y la fantasía se suministran en pequeñas dosis. Se perciben intentos de color. Por ejemplo, en Convento de Jerusalén, José Gallego ha conseguido unificar su plástica singular, centrada en el trazo orgánico de un lápiz loco, con lo que demanda el gusto mayoritario. Tarea ardua. Los oficios artesanos han hecho de eje conciliador; una escena dedicada a los ceramistas de Manises, con un alfabeguer muy meticuloso, ha sido su baza para el triunfo.

Otro exponente de implosión creativa es Joan Blanch, tras conseguir indultar su escena de Duque de Gaeta-Pobla de Farnals, y ostentar el premio de 2016, redondea una falla de corte contemporáneo con regusto vintage, respetando el espacio entre mensajes y ninots que muestran todos los tipos de agua. Recupera aquí el academicismo de sus primeras fallas, con un gusto especial por dar protagonismo a sus cartelas. Un orden bien estructurado de escenas llenas la ternura. Al igual que hace Miguel Hache en Malvarrosa; hace tiempo el maestro de marionetas falleras dio un giro a su destreza, y ahora se ensalza con éxito interpretando enanos a gigantes. La honestidad del trabajo es intachable.

Despunta en frescura la infantil la apuesta de Exposición – Micer Mascó. Firmada por el estudio Cap de Suro, significa una evolución de la falla escolar hacia los trazos de la ilustración profesional, hacia los libros de Teo, un clasicismo anacrónico que se acerca a los niños. Renovar en la sección Especial es de valientes. Y aquí lo hacen impartiendo conocimientos sobre la huerta con guiños técnicos a los niños; un planteamiento muy agradecido y, como era de esperar, castigado por el jurado.

Iván Tortajada, hasta hace solo un año era el único invicto, y ha regresado a Maestro Gozalbo con una falla sobre caminos y rumbos. Su brújula marca la composición como método para sorprender, pero no elimina esa sobrecarga de peso visual. En construcciones falleras, no siempre más es más. Lo mismo le ha sucedido a Sergio Amar con su falla sobre magias nocturnas para Gayano Lluch-Dr. Marco Merenciano. Un artista que era líder de una tendencia minoritaria, hoy se ha convertido en el estándar gracias a la perseverancia en su propio estilo y en una paleta de color intacta. Pero se sigue agradeciendo el planteamiento infantil de los temas.

Entre las demás, bajas dosis de la píldora de la originalidad. En Sueca-Literato Azorín, Javier Fernández le dicta a los niños lo que está bien y lo que está mal; como si ellos atendieran a las reglas de los adultos. La línea continuista no le ha favorecido, aunque se haya convertido en mainstream. Caso similar el de Bernardo Estela en Císcar-Burriana, recurre al tema de los cinco sentidos, tan trillado en fallas infantiles. Salvador Dolz en Barrio Beteró y Ángel Navarro en Zapadores-Vicente Lleó aspiraban a cubrir expediente; nada nuevo bajo el sol.

Pero no solo son especiales las fallas de Especial. Por eso, a veces cabe resaltar trabajos que son una descarga de emociones, de intenciones y de habilidad. Y este año va a causar mucha impresión la falla infantil de Na Jordana, de los hermanos Javier y Juan García. Una falla de ninot único; una niña asustada en su habitación llena de peluches, y envuelta por monstruos gigantescos. Pocos trabajos consiguen conectar tanto con el espectador como esta apuesta, bien premiada en la categoría Primera por su atrevida y perfecta ejecución.

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