La concertada se ahoga por abajo

El conseller de Educación, Vicent Marzà. MAO

Infantil es la etapa en la que Educación se ha visto obligada a realizar un mayor ajuste, suprimiendo aulas o desestimando conciertos en los centros sostenidos con fondos públicos

Apurando al máximo los plazos, la Conselleria de Educación publicó en pleno sábado en el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana las resoluciones del arreglo o ajuste escolar. Teniendo en cuenta que ayer comenzaba el proceso de admisión en los colegios, los documentos definitivos llegaban tras semanas haciéndose números en los colegios con las aulas que la Administración podría dejar caer o, por el contrario, que prometía crear. Y, como ya ocurriera el año pasado, la escuela pública ha salido beneficiada en el cómputo global, mientras que la concertada ve cómo la Conselleria continúa exprimiéndole sobre todo por los niveles inferiores.

De hecho, es Infantil la etapa educativa en la que la Administración se ha visto obligada a aplicar un mayor ajuste, en consonancia con la caída de la natalidad y la caída por tanto de alumnado a matricular. En el caso de los colegios públicos, se pierden 21 unidades en el segundo ciclo de Infantil, un recorte que, por ejemplo, contrasta con las 65 nuevas resultantes del saldo en Primaria.

En cuanto a la escuela concertada, no son tantas las unidades suprimidas como las desestimadas, es decir, las aulas para las que los colegios solicitan nuevos conciertos -en teoría, en base a la demanda- y que Conselleria deniega. Dicho con otras palabras, la política seguida por Educación respecto a la red concertada ha supuesto en la práctica poner freno a su crecimiento, más que reducir su tamaño.

En números, esto se concreta en la desestimación por parte de la Conselleria de 124 unidades de Infantil para concertar, mientras que en Primaria esta cifra se queda en 114 aulas. En el caso de Secundaria, la Conselleria ha desestimado la concertación de 64 aulas. En total, el departamento que dirige Vicent Marzà ha rechazado concertar 302 aulas de Infantil a ESO solicitadas por los colegios.

A esta cifra hay que añadir las 84 unidades desestimadas en Bachillerato, donde se incluyen las 27 suprimidas finalmente. Hay que tener en cuenta que la Conselleria puso este año el contador a cero, de manera que no se trataba de renovar o no los conciertos en la etapa postobligatoria, sino que todos los centros debían iniciar el procedimiento de solicitud de conciertos con la Administración como si se tratase de la primera vez.

El presidente de la Confederación de padres de la escuela pública Gonzalo Anaya, Màrius Fullana, valoró ayer positivamente que la Conselleria haya tenido en cuenta las alegaciones presentadas por algunos centros para evitar la supresión de unidades, si bien en algunos casos esto no ha sido posible. «Donde la gente se ha movilizado, como en la Malva-rosa, se han visto los efectos positivos», insistió, si bien expresó su «decepción» por que este Gobierno de izquierdas «no haya cumplido su programa» a la hora de quitar al menos el concierto a los colegios de educación diferenciada que separan a los alumnos por sexo. «No hay excusa jurídica que valga», dijo Fullana.

Para el representante de las familias de la escuela pública, además, la Conselleria debería haber primado a la escuela pública sobre la concertada, en el sentido de haber evitado el cierre de aulas públicas suprimiendo más aulas a la escuela concertada. El Consell del Botànic ha acabado cediendo a la «presión de las patronales de la concertada», apuntó Fullana.

«Precipitación»

Por su parte, Vicenta Rodríguez, presidenta de la patronal de Escuelas Católicas, además de criticar la «precipitación» con la que se ha tenido que trabajar en las últimas semanas, manifestó la «tristeza» porque al final del proceso hay aulas que no se han podido recuperar. «Esperábamos que las alegaciones de los colegios se tuvieran en cuenta, para que no se eliminasen tantas aulas de Bachillerato ni algunos ciclos formativos que tienen demanda y están llenos», afirmó, reconociendo, eso sí, el aumento de los conciertos en la Formación Profesional Básica.

Y lamentó igualmente la pérdida de unidades en los primeros cursos de Infantil, pues a medio y largo plazo supondrá la desaparición de líneas en los colegios afectados (al caer por ejemplo una unidad de 3 años, con el paso de los años desaparecerán también progresivamente la de 4 años, 5…).

Pero a punto de cumplirse el ecuador de la legislatura y despejada ya la incógnita de los conciertos de Bachillerato y FP, la sensación en el sector de la concertada es de cierto alivio. Hay quien recuerda cómo de la lectura de los programas electorales, sobre todo de Compromís, podía concluirse que la concertada iba a desaparecer. Las distintas fuentes consultadas coinciden en señalar que, si no ha sido así, es básicamente porque a día de hoy la Administración no tiene capacidad para ofrecer una plaza pública a los miles de alumnos de la concertada. De ahí el estrangulamiento por abajo, porque en el fondo la caída de la natalidad da argumentos a Conselleria para desoír la petición de nuevos conciertos.

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