El abismo de la mayoría de edad

Dos ex tutelados en un piso. ALBERTO DI LOLLI

Cumplen 18 años, se acaba su condición de tutelados, su protección y deben enfrentarse a la vida en sociedad sin haber asimilado la gestión de su historia vital y con las habilidades sociales justas. Con la mayoría de edad, el sistema de protección desaparece y deja a los menores ante un abismo. «Los tutelamos durante toda su vida y cuando cumplen los 18 años, los dejamos en la calle», describe la educadora Carmen Martorell. Más contundente es Ángel Hernández, presidente de la Asociación Familias Alternativas de Transición L’Horta Nord. «Es algo incoherente. Yo siempre pregunto lo mismo: ¿si tienen familia por qué no los has devuelto antes? Y si no la tenían o no era apta, ¿por qué los devuelves ahora?», explica.

Ángel fundó la asociación en 2011 y se puso a la disposición de la Generalitat Valenciana para acoger a ex tutelados y desarrollar con ellos programas de emancipación, algo que entonces apenas existía en la comunidad. El primer programa, y con él las primeras ayudas a estas entidades sin ánimo de lucro, llegó en 2014. Desde entonces, Familias Alternativas ha abierto tres pisos con 12 plazas para chicos que no tienen dónde ir tras salir de los centros. «Algunos pueden estar en nuestros pisos años. El trabajo con ellos es lento porque sus problemas no se pueden solucionar en seis meses, ni siquiera en dos años», describe. Muchos de ellos son inmigrantes, que llegaron como menores no acompañados y han vivido en centros de acogida. «Cuando salen no tienen permiso de residencia, ni de trabajo y algunos ni entienden el idioma. Les tenemos que ayudar a recuperar sus derechos sociales, porque son ciudadanos como los demás», asegura. «No son problemáticos. Los problemas los tienen las familias de donde llegan o la sociedad», insiste.

Los menores tutelados dejan de serlo con un futuro complejo y sin un duro en el bolsillo. «Algunos se ven obligados a volver con sus familias, si es que las tienen, aunque sepan que no es lo mejor para ellos», cuenta Martorell. El documental Un sitio donde quedarse, de las realizadoras Ana Pérez y Marta Arribas, describe la vida de dos de estos chicos que durante un año vivieron en la calle.

Pero esta realidad no es igual en todas las comunidades autonómicas. Según un informe de la Federación de Entidades con Proyectos y Pisos Asistidos (FEPA) sobre la emancipación de jóvenes tutelados y ex tutelados las diferencias llegan a ser abismales. Mientras en la Comunidad Valenciana carecen de ayudas económicas y el itinerario de acompañamiento se está aún diseñando, en Cataluña trabajan en programas para coordinar la emancipación desde 1994 y desde 2010 tiene un claro protocolo que atiende a los ex tutelados desde los 16 a los 21 años con programas socioeducativos, de vivienda (con pisos asistidos), de inserción laboral, apoyo económico y acompañamiento jurídico. En concreto, tiene ayudas económicas que oscilan entre los 240 euros para quienes han estado apenas seis meses en internamiento a los casi 700 que reciben como renta de suficiencia quienes han pasado más de tres años bajo tutela de la Administración. Además, se les avanza la renta mínima de inserción a antes de los 25 años y la Generalitat tiene un acuerdo desde 2009 con la Obra Social de La Caixa para facilitar una prestación de más de 500 euros a estos chicos para que continúen su formación y potenciar sus competencias académicas. El éxito de los participantes en este programa es del 87%.

Según fuentes consultadas, no hay ninguna colaboración sobre este tema específico con ninguna administración de la Comunidad Valenciana, pero sí existen diferentes colaboraciones con diversas entidades sociales que trabajan en este ámbito a través de las convocatorias anuales de Viviendas Temporales de Inclusión Social.

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