Auge y caída de la 'súperalcaldesa'

La ex alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, durante un pleno municipal. ROBERTO PÉREZ

Castedo pasó de ser la política más votada de la historia de Alicante a una apestada en su partido por su resistencia a dimitir

El PP pasó del mejor resultado de su historia en 2011 a perder 40.000 votos y la Alcaldía a manos de un tripartito de izquierdas

11/01/2017 08:48

Mucho ha llovido desde que Sonia Castedo saliese elegida como alcaldesa más votada de la historia de Alicante. Eran las elecciones municipales de 2011, y el efecto Zapatero (el entonces presidente del Gobierno ya había anunciado su paquete de recortes sociales) se llevó por delante las aspiraciones de los candidatos socialistas de buena parte de España. En el caso de la segunda ciudad de la Comunidad Valenciana, Castedo destrozó todas las previsiones y sacó más de 75.000 votos, con 18 ediles de una corporación de 29. Eran buenos tiempos para el PP en Alicante.

A Castedo no le afectó en absoluto el escrito que Anticorrupción entregó en octubre de 2010, y en la que la acusaba de haber recibido varios regalos a cambio de amañar el Plan General de la ciudad. El fiscal se basaba en unas escuchas intervenidas por la Policía en el marco de la operación Brugal, que originalmente investigaba la adjudicación de las basuras en los pueblos del sur de la provincia de Alicante. Los agentes entendieron que podría haber indicios de delito en la actitud de la alcaldesa y concejal de Urbanismo y el fiscal decidió actuar de oficio.

La primera edil dio el primer golpe y contestó a todas las acusaciones en una rueda de prensa. Aceptó que había viajado en el yate de Ortiz, el principal dueño de suelo urbanizable de la ciudad, y que había colocado a personas de su confianza en empresas de servicios. «Y lo voy a seguir haciendo», dijo desafiante.

En aquel momento Castedo mantenía una relación muy abierta con los medios, herencia de su paso por el gabinete de prensa. Siempre contestaba a las preguntas y era muy hábil en la dialéctica del cuerpo a cuerpo. También contaba con la confianza absoluta del presidente Francisco Camps sus aspiraciones no tenían techo.

Su victoria en 2011 fue dulce durante apenas dos semanas. Ya en privado bromeaba sobre las «barbaridades» que podrían incluir pinchazos telefónicos que la Policía había practicado a Ortiz. Esas «barbaridades» se empezaron a escuchar en el mes de junio, al levantarse el secreto de sumario. Y ni el PP ni la regidora estaba preparadas para la avalancha de conversaciones vergonzantes con el promotor, que revelaban regalos habituales para la mayor parte de los concejales del equipo de Gobierno municipal.

El 4 de junio de 2011 EL MUNDO tituló en su portada de la siguiente manera: «Lluvia de regalos de lujo para corromper al PP de Alicante». Fue el principio de una larga agonía para Sonia Castedo. Su trayectoria se convirtió en una huida hacia adelante, con cada vez menos apoyos dentro de su partido.

El siguiente asalto vino en julio de 2012, cuando Manrique Tejada, el juez que instruía la causa en un juzgado de Alicante (el mismo que ahora va a sentar a la edil en el banquillo) tuvo que inhibirse porque veía indicios de delito en las actuaciones de Castedo y de su antecesor, Luis Díaz Alperi. Ambos tenían el blindaje del aforamiento autonómico (Camps los había colocado en las listas de diputados), y la instrucción debía de pasar al Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana.

En su comparecencia, en octubre de 2012, Castedo contestó a todas las preguntas de los magistrados y validó las escuchas practicadas por la Policía, uno de los ejes de la defensa de Ortiz. Mientras, las voces críticas se multiplicaron cuando en septiembre de 2013 este diario publicase las fotos de la fiesta de Nochevieja que compartió con Ortiz en Andorra.

El alto tribunal nunca se pudo pronunciar: en mayo de 2014, en una estrategia coordinada, Castedo y Alperi renunciaron a su actas de diputado y el caso Brugal volvió al juzgado de Alicante, que no completó su instrucción hasta este martes. Eso dio tiempo a la edil para permanecer en el cargo hasta finales de 2014 (dimitió por Facebook el día de su cumpleaños, el 23 de diciembre) pero el daño ya estaba hecho.

El PP se desplomó en las municipales de mayo de 2015, con 40.000 votos menos, y un tripartito de izquierdas se hizo con la Alcaldía liderado por un PSOE que apenas sacó 30.000 apoyos, el peor resultado del partido en la historia de la ciudad.

Desde entonces Castedo permanece en un segundo plano, pero no duda en aprovechar su tirón para reivindicarse y para recordar a su partido lo que fue y lo que pudo ser: una súperalcaldesa imbatida en las urnas, derrotada por las responsabilidades políticas.

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