Ábalos, el perfecto comodín

J. CUÉLLAR
José Luis Ábalos, en la sede socialista de Blanquerías, en Valencia.

Si se repasan los treinta últimos años de la historia del socialismo en Valencia, con las siglas del PSPV-PSOE como referencia, probablemente no se encuentre una batalla orgánica en la que José Luis Ábalos no haya participado, sea directamente o por persona interpuesta. Al nuevo portavoz (provisional) del PSOE en el Congreso de los Diputados le gusta apostar. Lo hizo muy fuerte cuando aspiró por dos veces a la secretaría general del PSPV-PSOE, primero en 2001 ante Joan Ignasi Pla (perdió por 10 votos) y después en 2008 contra Jorge Alarte, aunque en aquella segunda ocasión acabó pactando la retirada de su candidatura.

José Luis Ábalos (Torrent, 1959) podría ganarse la vida como apostante profesional. Siempre le ha gustado el riesgo y nadar contra las corrientes del partido socialista. Probablemente porque sabe que es en esas apuestas donde realmente se gana. Y, cuando no, resistir el envite supone poder obtener beneficios como la secretaría general del PSPV en Valencia que actualmente ostenta.

El último órdago, el que le ha ligado a Pedro Sánchez, ha sido la apuesta que más beneficios le ha generado, aupándole a la portavocía de los socialistas en la Cámara Baja. Para llegar hasta ahí, Ábalos se situó frente a la mayoría de los cuadros dirigentes del PSOE valenciano, que respaldaban la candidatura de Susana Díaz y han acabado desacreditados. El primero, el presidente del Gobierno valenciano, Ximo Puig, ariete en la operación de defenestración de Pedro Sánchez y después uno de los pilares más firmes de la candidatura de la presidenta andaluza. Lo políticamente correcto era alinearse con Díaz. Ábalos decidió ir, otra vez, contracorriente. Pero demostró conocer el sentimiento entre la militancia, que concedió 9.552 votos a Sánchez por los 4.274 de Díaz y los 1.318 de Patxi López.

En ese sombrío camino le acompañaron Mercedes Caballero, la diputada autonómica siempre fiel; el portavoz en las Cortes Valencianas, Manuel Mata, o el ex eurodiputado Andrés Perelló. El grupo de socialistas valencianos que respaldaron a Sánchez se sitúan ahora en una posición de fuerza dentro de la federación, aunque está por ver que Ábalos se decida a dar de nuevo el salto hacia la secretaría general del PSPV. Dependerá, por supuesto, de cómo se ajuste la correlación de fuerzas en el próximo congreso, en el que Ximo Puig debería optar a renovar su liderazgo, una aspiración que el presidente de la Generalitat ha expresado públicamente alguna vez.

Al margen de esa estrategia de resistencia, clásica en la forma de hacer política de Ábalos, su relación con Sánchez incluye un componente de fidelidad personal. José Luis Ábalos acogió al resurrecto Pedro Sánchez en su propio domicilio de Valencia cuando el todavía aspirante a secretario general del PSOE se colgó del hombro la mochila para recorrer España en busca de apoyos. Le paseó por las populares Fallas de Valencia cuando Sánchez ni siquiera era ya bienvenido en Valencia por su mala relación con el aparato del partido. De hecho, Pedro Sánchez ha tardado casi tres días en conversar con el presidente de la Generalitat tras su victoria en las primarias, pese a que Puig le mensajeó en privado para felicitarle.

Ábalos es un cuadro dirigente atípico. Ha formado parte de los equipos de dirección de prácticamente todos los dirigentes del PSPV-PSOE casi desde los tiempos de Joan Lerma, pero nunca ha perdido la capacidad crítica. Su perfil de izquierdas no está en duda, pero es un socialista de los de traje y corbata, siempre a punto para negociar con el de enfrente y sin prejuicios para tender puentes con el Partido Popular. Es un comodín ajustable para lo que haga falta. Si hay moción de censura, será durísimo. Si toca acordar, es capaz de lucir de azul marino y corbata clásica para pactar.

Al margen de la secretaría regional del PSPV-PSOE en la Comunidad Valenciana, que siempre se le ha resistido Ábalos ha ocupado prácticamente todos los cargos orgánicos e institucionales que se conocen. Concejal, diputado provincial y diputado nacional… Su fuerza siempre ha sido la de la resistencia y la lealtad de su grupo de incondicional en Valencia, un poder orgánico y territorial que puso al servicio de la primera campaña que llevó a Pedro Sánchez al primer despacho de Ferraz y que ha vuelto a ser decisiva para que éste regresara triunfal tras su victoria en las primarias del PSOE.

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