Un Tour más para olvidar y un futuro aún incierto para Alberto Contador

19.07.201705:00 H. – Actualizado: 10 H.

“Sin las caídas creo que ahora estaría luchando por el maillot amarillo”. Alberto Contador no carece de autoestima, ciertamente. En plena última semana de competición en el Tour de Francia, Contador se encuentra en posiciones alejadas de lo que él entiende como su habitat natural, es decir, la zona alta de la clasificación, donde se lucha por lo máximo a lo que puede aspirar un ciclista. Siete años han pasado desde la última vez que Contador se subió a lo más alto del podio de París. Ganó en 2010 y se lo quitaron por haberse dopado. Ha participado en todos los Tour que ha habido desde aquel momento y no ha vuelto a ser competitivo en ninguno. Y se ha caído en todos, sin excepción.

Esa frase la pronunció este pasado lunes durante la jornada de descanso del Tour. Ante las preguntas de la prensa, interesadas en su punto de vista sobre su bajo rendimiento global en el Tour, el pinteño achacó su declive a las numerosas caídas que ha tenido a lo largo de la carrera. Se llevó a caer dos veces en dos etapas distintas. Ha sido después de esos golpes contra el suelo cuando el líder del Trek Segafredo se sintió incapaz de continuar el ritmo de los favoritos y empezó a asumir que no tendría opciones de luchar por la victoria final. Pero fue antes de los mismos cuando empezó a perder comba. Ya en la contrarreloj se dejó casi un minuto con Froome y, posteriormente, en La Planche des Belles Filles, quinta etapa, se alejó un poquito más.

Contador nunca se ha sentido a gusto a la cola del pelotón. No es su lugar natural, él no lo entiende como tal. El hombre que ha conocido las mieles del éxito pretende optar siempre a, al menos, olerlas de cerca, contar con la opción de luchar por ellas junto a los mejores y que pase el tiempo y no se consiga no ha frenado, por ahora al menos, su afán por intentarlo. Hace un tiempo aseguró que no tenía ganas de continuar, que 2016 iba a ser su última temporada. Acababa su contrato entonces con Astana, una experiencia durísima para él en los últimos tiempos, cuando había dejado de subir a podios del Tour. Se arrepintió, encontró la vía de escape del Trek y aquí está, más preparado y concienciado que nunca, aseguraba.

Contador dio un gran espectáculo en Foix. (EFE)
Contador dio un gran espectáculo en Foix. (EFE)

Una vez visto el equipo que le ofrecían los estadounidenses, las esperanzas y las sonrisas surgieron fulgurantes en el rostro del ciclista pinteño, pues intuía que iba a ser mucho más feliz vestido de rojo y negro (o blanco y negro, como ahora en Francia), que con el celeste kazajo. Según contaba él mismo y su entorno, tenía a su alrededor a ciclistas absolutamente comprometidos con su causa y la dirección del equipo estaba convencida de su más que seguro éxito en su misión, el Tour. A un lado encontraba a Jarlinson Pantano, fiel amigo y escudero, al otro, a Bauke Mollema, un ciclista experto y con ambiciones, y ambos estaban decididos a trabajar para él. A la hora de la verdad, no ha habido opción de ayudar a Contador como este hubiera querido. Las distancias con los mejores habían crecido tanto que soñar con algo más que con una victoria de etapa resultaba utópico.

Este martes, uno de los directores del Trek más cercano a Contador, Steven de Jongh, aseguraba que el de 2017 iba a ser el último Tour de Contador y que quería retirarse lo más arriba posible ganando al menos en una jornada parcial. Rápidamente, sus representantes han salido a desmentir la información. “Estamos negociando un nuevo contrato con el Trek”, se limitan a decir. No hay nada cerrado. Contador, hoy en día, no tendría equipo más allá del 31 de diciembre de este año, momento en el cual expira su vinculación con el constructor de bicicletas, con quien sigue sin haber sumado ni un solo triunfo, ni general ni parcial.

La sombra de la retirada le persigue desde hace tiempo. Para un ciclista que lo ha ganado todo y varias veces, no tener aspiraciones reales de victoria en su verdadero reto anual, la ‘Grande Boucle’, es una espina que se clava año a año, y deja brotar la sangre. Cuando Contador decidió que se retiraba, no lo decía por decir. Se sentía harto de no estar a la altura. Con el paso de los meses, se fue encontrando mejor y cambió de idea. Sin embargo, un golpe de realidad como el que se le ha presentado en este Tour le hace plantearse cosas. Incluso, los que le conocen bien no aseguran que vaya a correr el próximo Tour. “A final de temporada se decidirá el calendario”, dicen. Aún no lo sabemos, ni lo sabremos en los próximos días, pero puede que estemos ante las últimas pedaladas de Contador en su territorio fetiche.

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