Sigue en directo los cuartos de final del Abierto de Australia: Nadal-Raonic

25.01.201705:00 H. – Actualizado: 8 H.

Rafa Nadal, como Muhammad Ali, se ha plantado en Melbourne picando como una abeja y flotando con una mariposa. El español está en su mejor versión, y eso es tanto como colocarle entre los favoritos para llevarse el torneo. Los problemas, el físico o las dudas quedaron atrás, no son ya parte de la ecuación. Es solo Nadal, en todo su esplendor, contra el rival que le pongan enfrente. El último ha sido Milos Raonic, canadiense, sacador letal y número tres del mundo. Todo eso, sí, pero eliminado del primer Grand Slam del año por un jugador que es una leyenda.

Las prevenciones contra un tenista como el canadiense son lógicas. Un tipo que ha llegado a sacar a más de 250 kilómetros por hora tiene una ventaja de inicio en cada juego. Saber que romperle el servicio será siempre una heroicidad. A Nadal, a pesar de todo, no le dan miedo estas cosas. Lleva más de una década viajando por el mundo, jugando al tenis, se ha encontrado otros muchos como Raonic y, normalmente, les ha ganado. No es presunción, es que el español ya ha demostrado sobradamente que él, por costumbre, suele ganar.

Hay una constante en la carrera de Nadal que se había perdido entre las lesiones de los últimos años y ahora ha vuelto: la confianza. Pocos deportistas se han visto con una cabeza como la del tenista balear, él siempre ha sido estable, equilibrado, las veces que ha perdido ha sido porque el otro ha sido mejor, nunca por problemas propios o disfunciones en su juego. En los últimos meses, sin embargo, él mismo reconocía que no estaba bien, que lo que en otros momentos había sido así se había marchado.

Era preocupante, pues esa fuerza mental es lo que le diferencia de los rivales, lo que le ha llevado a ser uno de los mejores jugadores de todos los tiempos en una época difícilisima para ser tenista. Bien, esas fallas mentales, esa desconfianza tan extraña en él, forma parte del pasado. Cada punto supura confianza, no hay lance del partido en el que no parezca cómodo con lo que es y lo que está haciendo. Raonic se plantó en la pista con una victoria reciente en Brisbane contra él, pero ni siquiera ese recuerdo cercano consiguió nada. Desde el principio del encuentro se vio que este era un día para Nadal.

No se dejó en todo el partido ni un solo servicio. Ganó todos los juegos con su saque y fue capaz de encontrar las carencias de Raonic en el saque, escasas pero existentes, en los momentos justos para llevarse el partido en solo tres sets, por la vía rápida. En el primer set lo logró con 4-3 de ventaja, en el segundo tuvo que esperar hasta el ‘tie break’, en el parcial final fue en el último juego, en el que puso el 6-4 final. No fue un paseo, Raonic juega mucho al tenis, pero lo pareció.

Nadal marcó desde muy pronto las claves de su juego, las que le iban a hacer ganar el partido. Lo primero, quizá lo más importante, era ver cómo restaba el tremendo servicio de su rival. En otras ocasiones Rafa ha optado por irse lejos de la línea de fondo, concederse unos metros y dar así la iniciativa a su rival. No esta vez, desde los primeros puntos demostró que iba a jugar agresivo, al ataque, y se colocó junto a la línea en los saques del canadiense, esperándolos con mirada felina. A menor distancia, es obvio, la fuerza con la que puede llegar el resto es mayor.

La agresividad de Nadal

Funcionó y, de algún modo, desesperó a Raonic, que igual esperaba que Nadal le restase de otra manera. Para contrarrestar esta agresividad, el canadiense trató de variar su juego, cambiar sus servicios buscando menos ‘aces’ pero más efectos. No le funcionó, en ningún momento se le vio cómodo con su servicio, que siempre es la primera página del libreto para ganar sus partidos.

Nadal demostró también que siendo agresivo es mejor. Contra Zverev, el partido más complicado que ha tenido en el torneo, tuvo un momento de flaqueza en un ‘tie break’ se tiró a la defensa, a conservar, y no le salió bien. Ese rato de mal tenis retornó a su cabeza antes del encuentro contra Raonic. Desde el primer momento se quiso ir al ataque, dominando desde el centro de la pista con su excepcional derecha y abriéndose huecos con el revés.

El español siempre fue un jugador extremadamente inteligente, muy capaz de leer las debilidades de su rival y explotarlas a su merced. Contra el canadiense había algunas cosas obvias, como que le cuesta acudir con gracia a bolas bajas, pues es un tallo de casi dos metros. También sabe que con el revés no está cómodo, así que se dedicó a jugar bolas bajas y a abrir bolas buscando el revés de Raonic. Y lo fue encontrando, poco a poco, minando la confianza que tenía el número 3 del mundo, que dejará de serlo al final de esta semana.

También apareció uno de los golpes más reconocibles de Nadal: el ‘passing shot’. Cuando Raonic buscaba la iniciativa y acudía a la red, que es algo que forma parte de su ADN, el español le recordaba que con él no valen esas cosas. Hay que moverse como un felino en esa zona del campo para poder contrarrestar esos golpes de Rafa, que siempre encuentran el lugar desocupado. Esa derecha es uno de los grandes golpes de la historia.

Nadal está delgado, probablemente más que nunca en su carrera. Con el paso de los años ha ido cambiando su fisionomía, por madurez física y también por necesidad. Las lesiones, tan presentes en su historial, obligan a ir matizando el físico para convertirse en más duradero. Esta nueva forma de Rafa ha hecho que mantenga la velocidad que siempre tuvo, algo que le hace especial. Pocos jugadores se mueven mejor que él en la pista, lo que le convierte en un excelso defensor. Hay bolas a las que otros tenistas no llegan y en Nadal parecen -solo parecen- sencillas.

Melbourne 2017, sin importar cuál sea el resultado final, ya es uno de los torneos más importantes de la carrera de Nadal. Por fin vuelve a semifinales de un grande, algo que no había conseguido en las últimas dos temporadas. En estos 24 meses ha tenido todos los problemas posibles, y por eso ahora, cuando el barco parece por fin plenamente arreglado, la sensaciones son incluso mejores de las que había cuando todo funcionaba sin problemas. Cuando era joven y no conocía aún la parte mala del deporte. Su objetivo en Australia es ganar su decimoquinto grande, una cifra que únicamente ha conseguido su querido amigo y tremendo rival Roger objetivo final es tremendo. Sea cual sea el desenlace, ya tiene Nadal motivos para estar satisfecho.

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