Sainz, o esas vueltas "donde sacas lo mejor de ti, los huevos, o como quieras llamarlo…”

25.07.201705:00 H. – Actualizado: 9 H.

“Antes de una vuelta de clasificación doy como un resople, cuando pones el modo de clasificación, aceleras para la línea de meta y das un resoplido. Ya no ya hay tiempo para pensar o analizar. Todo es instintivo…”.

Así empieza Carlos Sainz uno de los momentos más intensos en la vida de un piloto: una vuelta al límite en los entrenamientos clasificatorios. Mezcla de salto al vacío, búsqueda de los límites exprimiendo como una bayeta a una sofisticada máquina de Fórmula 1. El director deportivo de Renault, Alain Permane, recordaba recientemente en la revista F1 Racing que aún recuerda la vuelta de Robert Kúbica en Suzuka 2010, la más increíble que nunca ha visto. El polaco llegó lívido a boxes, blanco ante los riesgos que había corrido. Puso su monoplaza en una insólita tercera posición, por detrás de los Red Bull.

Sainz está considerado uno de los pilotos más rápidos a una vuelta de la parrilla actual. “A veces hace cosas que ni nosotros nos creemos”, nos decía recientemente Helmut Marko en El Confidencial. Este medio le ha pedido a Sainz que elija y describa una de esas vueltas que él considera increíbles: qué se siente antes y después, cómo se afrontan, cómo es posible que un piloto llegue a sentir escalofríos cuando se terminan. Y el piloto español eligió… Mónaco 2017.

“Esos cinco metros que marcan la diferencia”

“Todo el fin de semana habíamos ido rápido, pero al llegar la Q2 y la Q3 equipos como Force India se acercaron mucho. Entonces cuando llegó la Q3, pensé que podía quedar mal si no hacía sexto o séptimo como todo el fin de semana, otro resultado hubiera sido un desastre para el equipo y de puertas para afuera. Pero yo sabía que iba a ser un poco complicado…” explica a modo de contexto por la importancia de ese momento decisivo.

Sainz se toma su tiempo para ponerse en situación antes de comenzar a narrar. “Fue empezar la vuelta de la Q3…La línea de meta en Mónaco tiene unas sombras diferentes en la frenada cada vuelta, y pierdes tu punto de referencia. En la vuelta de calentamiento me di cuenta que había perdido la referencia de la Q2”. Sainz decidió jugársela casi a ciegas. “Frené más tarde de donde que creía que estaba la referencia, esos cinco metros que separan hacer la curva perfecta de irte a la escapatoria de Santa Devota. Toqué el piano interior, lo justo, que te enchufa hacia adentro y…” Y el coche salió escupido a toda velocidad hacia el Casino “con una décima mejor que la vuelta del Q2, y ya te pones en mentalidad positiva. Para mí siempre es muy importante empezar la vuelta bien, el resto viene más fluido”.

“En esa maldita curva, otra media décima”

Primera curva del Casino. “Me acuerdo que frené en el mismo punto de la Q2, pero quité el freno antes. Intentas ir a tocar el segundo vértice como si le fueras a dar con la rueda delantera izquierda, pero lo libré por poco. En el interior de la curva del Casino te metes por dentro, evitas las alcantarillas, y cuando llegas al segundo sector de Mónaco ya te da poco tiempo para pensar”. Hasta la entrada del Túnel el piloto no puede bajar la mirada al volante para ver los cronos en el volante.

Sainz, apurando este año los muros en Mónaco. (EFE)
Sainz, apurando este año los muros en Mónaco. (EFE)

Llega otro momento donde se puede perder todo lo ganado: la frenada después del Túnel. “Veo que voy una décima y media por debajo. Me digo, “voy en una vuelta muy buena, no puedes perderla”. La frenada después del Túnel, donde más baches hay, tienes que ajustar el repartidor de frenada para no hacer un ‘Pérez’ o un ‘Button’, cuando el coche se te va de culo. Me acuerdo de que antes se frenaba en el bache o antes, ahora se frena después. Lo hago bien, veo que sigo bajando el tiempo, dos décimas, le quito otra media en esta maldita curva”.

“Y noto un toquecito en el volante…”

Llega una zona donde tantos pilotos se quedan al besar los raíles, “Tabac y las dos chicanes de la piscina. Ya no vuelvo a ver el tiempo hasta la línea de meta, tampoco puedes mirar nada. Pasas Tabac, tocas el muro por dentro, te vas al muro de fuera, pasas a fondo la primera chicane de la piscina…La verdad es que nunca la había pasado a fondo como este año, por esto era una vuelta tan especial…” Y ahora Sainz, efectivamente, besa los raíles. “En todo el fin de semana los había tocado. Sabía que tenía una décima de margen. Me dije “Si hay que tocarlo, se toca”. Me acuerdo de entrar en la curva, y a medida que iba girando el volante y envolviendo el muro, noto un golpecito en el volante. Has tocado” Y sonó ese ‘tonk’ metálico tan inconfudible desde el exterior cuando un neumático toca los raíles. “Haces el cambio de dirección y rezas para que no se haya roto nada…”

Nada se rompió. “Ya solo quedaban las curvas de La Rascasse y Antoni Nogues. Que se te vaya un poco de morro o acelerar tarde te hace perder dos décimas en cada curva. Las hago igual que todo el fin de semana, y…. Acelerando a la línea de meta veo que bajaba casi tres décimas el tiempo de la Q2 y cualquier otro tiempo del equipo en todo el fin de semana. Sientes un gran placer, aceleras de segunda a séptima, de 100 km/h a 300, son seis segundos de disfrute. Cuando crucé, acorté para ver la pantalla de espectadores. Cuando me ví sexto, por delante de todos los demás, Force India y compañía, pensé: “Lo hemos bordado, esta vuelta es para acordarse”.

Concentración máxima, el hombre fundido con la máquina, adrenalina a tope, incertidumbre al límite ¿Qué se siente cuando acaba una vuelta así?: “Me acuerdo de dar un grito de rabia, de saber que lo has hecho de puta madre. Sabes que son vueltas divertidas, no te voy a engañar, me lo paso bien, pero son vueltas en las que hay mucha presión y, cuando acabas, gritas de rabia. Es una mezcla de alegría y de quitarte un peso de encima con rabia, “aquí estoy yo, con la vuelta que tocaba en el momento justo, en el sitio justo, en el año que toca…”

“Esos días en los que te toca dar el do de pecho”

Los aficionados y espectadores tampoco podemos apreciar cuándo un piloto ha de jugársela con un monoplaza que no da confianza. ¿Cómo se viven esos momentos donde sabes que el toro puede sacar el cuerno por dónde no esperas? “No tienes carga aerodinámica, pero te estás peleando con gente que la tiene y tienes que marcar las diferencias en las curvas, en baches, en pianos, en muchos sitios donde sabes que el coche no copia como debería…En algunos fines de semana el coche va de cojones y tú muy contento con el coche y eres el que manda, pero otras veces…”.

¿Qué hacer entonces? ¿Faena de aliño o arrimarse?. “Te toca sacar el do de pecho en esos días, y en sacar en esos momentos lo que no has podido sacar en los libres”, explica Sainz. “La mayoría de las veces no sale bien, porque es muy difícil. Pero hay veces en las que te la juegas y te sale una vuelta espectacular. Y te da más placer todavía, te hace sentirte mejor que momentos como Barcelona, Mónaco, Singapur, donde haces vueltas buenas pero el coche también estaba para hacerlas. Ahí sacas lo mejor de ti, donde sacas los huevos, o como quieras llamarlo…”

“Me quedo como volado, te pones a pensar y…”

¿Y cómo se supera ese límite ¿Se analiza cada frenada, cada curva? ¿O se tapa uno los ojos con una mano y se tira al vacío agarrando con la otra sus atributos? “Es una mezcla de las dos cosas. Yo cojo dos curvas donde sé que puedo mejorar personalmente respecto a otras vueltas, y me aseguro que las paso mejor que en la Q2. Pero luego, en el resto, me voy a buscar ese límite que todavía no has logrado en todo el fin de semana. La vuelta de Mónaco era el ejemplo perfecto. No quieres tener un susto en ninguna curva en los libres, porque le coges respeto a esas dos o tres curvas, esa imagen se te va a pasar en los clasificatorios a la hora de la verdad. Intento dejarme un par de décimas de margen hasta la Q2 o Q3 para asegurarme que tengo confianza en todas las curvas y, luego, jugármela al límite en todos los sitios”.

Sainz, apurando los muros en la cronometrada de aquel día. (EFE)
Sainz, apurando los muros en la cronometrada de aquel día. (EFE)

Y en momentos como los vividos por Kúbica en Suzuka, acabada la proeza, cuando se piensa en ese ‘castañazo’ que ha estado tan cerca… “En Austin y Hungría del año pasado tuve dos momentos de esos en los que casi me la doy. En Hungaroring, en la curva cuatro puse la rueda en lo húmedo y me dio un trallazo que no me estampé contra el muro de milagro. En Austin me metí en la Q3 y creo que fue mi mejor vuelta del año pasado. Pero en las rápidas del primer sector me pasé tres pueblos en una de ellas, se me fue el culo y… bueno…”

[Lea aquí más artículos de Fórmula 1]

“Cuando llego al box, a mí ya se me ha pasado todo eso. Pero en la vuelta de deceleración todavía vas en trance, pensando en lo que acabas de hacer… Ahí sí que me quedo como volado, y ni escucho a los ingenieros cuando me hablan por la radio… Te pasa un poco eso, te pones a pensar y….”.

Let’s block ads! (Why?)

Notas recomendadas

Déjanos tu comentario, tu opinión importa