Prigioni anuncia su retirada por sorpresa un mes después de fichar por el Baskonia

09.01.201721:32 H.

Pablo Prigioni (Río Tercero, 1977), medallista de bronce olímpico en Pekín 2008 con la selección argentina y campeón de la ACB y de la Copa del Rey con el Baskonia, anunció este lunes su retirada del baloncesto profesional después una carrera de 23 años en su país natal, España y Estados Unidos, donde jugó cuatro temporadas antes de regresar el pasado mes de diciembre a Vitoria. Firmó un contrato hasta final de curso con el equipo en el que más tiempo ha jugado, pero solo seis partidos le han bastado para darse cuenta de que debe dejarlo.

Ni mi cabeza ni mi cuerpo tienen ya la fortaleza que yo como competidor les exijo para competir al más alto nivel. Jamás pensé que ambos me pudieran llevar tan lejos y tan alto. He superado límites que jamás había imaginado”, escribió Prigioni en la carta de despedida que publicó este lunes por la noche en su cuenta de Twitter junto al mensaje “Ha llegado el momento”. La carta es el último acto de honestidad de uno de los mejores jugadores de la historia del Baskonia y uno de los extranjeros más destacados que han jugado en el baloncesto español en las dos últimas décadas (es el que más partidos ha jugado en ACB).

Prigioni podía haber ignorado las señales de su cabeza y su cuerpo y seguir jugando hasta final de temporada. En Vitoria, donde es un ídolo, nadie le iba a reprochar nada, entre otras cosas porque nadie puede reprocharle nada a un jugador que ha dado tanto al Baskonia en sus tres etapas en el equipo. Podía haberse conformado con el rol de peso pesado del vestuario, pero su competitividad se lo ha impedido. “Todo concluye al fin, todo tiene un final, todo termina”, dice citando la letra de una canción del grupo argentino ‘Enanitos verdes’.

Para muchos, Prigioni es el prototipo de base clásico, un director de juego, pero en realidad ha sido más que eso. Durante toda su carrera fue un líder en sus equipos, por mucho que su papel en algunas ocasiones no fuera muy importante. Prigioni ha sido la cabeza fría en los momentos más calientes y la garra en los más apagados. Así desde hace más de 20 años, cuando jugaba en la liga argentina antes de dar el salto a la ACB en 1999 para jugar en el Fuenlabrada. Luego fichó por el Lucentum Alicante y en el 2003 aterrizó en el Baskonia, el equipo de su vida.

Es muy obvio que mi sentimiento por este club es muy grande y muy profundo. Crecí y me recibí de jugador con esta camiseta, es por eso que haber podido ponérmela una vez más ha sido algo maravilloso para mí”, dice Prigioni. El argentino jugó en el Baskonia entre 2003 y 2009, en la temporada 2011-2012 y en esta última y breve etapa que cierra ahora. Con el equipo baskonista ganó una liga, dos Copas del Rey, tres Supercopas y jugó cuatro Final Four de la Euroliga. En el 2006 fue el ‘MVP’ de la Copa tras repartir 15 asistencias en la final.

Prigioni formó parte de la Generación Dorada del baloncesto argentino (Leo la Valle/EFE)Prigioni formó parte de la Generación Dorada del baloncesto argentino (Leo la Valle/EFE)

Con la selección argentina formó parte de la Generación Dorada, el mejor grupo de jugadores de la historia del país sudamericano que incluía a Manu Ginóbili, Luis Scola, el Chapu Nocioni, Carlos Delfino, Fabricio Oberto, etc. No participó en el oro de Atenas 2004, pero sí estuvo en Pekín. Sus dos temporadas en el Real Madrid, a las órdendes de Ettore Messina, no fueron las mejores. En 2012 sorprendió marchándose a la NBA, donde jugó en los New York Knicks, los Houston Rockets y Los Angeles Clippers. Llegó a la mejor liga del mundo con 35 años y un halo de escepticismo a su alrededor, pero supo encontrar su lugar y jugar cuatro temporadas a buen nivel. La clave de esa longevidad ha estado en su ética de trabajo, en su dedicación absoluta a mantener su cuerpo en buenas condiciones.

El final de su etapa en la NBA, donde fue cortado en pretemporada por los Rockets, no hacía presagiar que su retirada estuviera tan cerca, por mucho se acercara a los 40 años. Parecía que aún le quedaba cuerda. “Vengo a sumar al equipo, a ser una herramienta, un arma para el entrenador”, dijo en su presentación el pasado 17 de diciembre. Menos de un mes después anunció su adiós de manera inesperada, tanto que ni el Baskonia, que lo había utilizado como reclamo para el partido del próximo fin de semana contra el Bilbao Basket, lo esperaba y tardó en reaccionar.

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