El NBA perseguido por Erdogan: "Si me hace esto a mí, que no hará a la gente normal"

24.05.201718:42 H.

“Si me hacen esto a mi, que juego en la NBA ¿qué crees que no le harán al resto”. Enes Kanter, pívot de los Oklahoma Thunder, ha pasado una de las peores semanas de su vida tratando de escaparse por el mundo del régimen de Erdogan, presidente de Turquía, su país. El gigante de 211 centímetros se vio atrapado en una persecución que bien valdría para una película, pero es absolutamente real.

La historia empieza en Indonesia, donde se encontraba impartiendo un campus con su nombre. Su representante, que le acompañaba, llegó por la noche a su habitación del hotel en el que se hospedaba. “La policía te busca, quieren hablar contigo, el gobierno turco dice que eres peligroso“, explica en una carta en The Players Tribune, “querían hablar conmigo, pero cuando eres turco sabes que los agentes nunca están ahí solo para hablar”, abunda en su texto. ​

La opción alternativa a encontrarse con ellos era correr y eso es exactamente lo que hizo. Salió al aeropuerto y a las 5.25 cogió un avión para salir de ahí. Miedo pasó por el camino, pensando que le perseguían. “Pensé que estaba a salvo, pero el gobierno turco estaba enfadado por mi huida. Cuando aterricé en Bucarest vi que me habían cancelado el pasaporte. Había escapado de Indonesia, pero no de Erdogan“, sigue contando el jugador en su resumen.

“Nunca he quebrantado la ley, ni siquiera tengo multas por exceso de velocidad, nada, pero soy peligroso ¿por qué?”, se pregunta Kanter. “Cuando sabes algo de Recep Tayyip Erdogan la razón no es una sorpresa. Desde el fallido golpe de estado del pasado año Erdogan ha transformado su gobierno en una dictadura. Cualquiera que vaya contra él o diga algo contra su gobierno es un objetivo. No os quedéis solo con mis palabras, se puede leer en las noticias, podéis preguntar a Amnistía Internacional”, explica el pívot de los Thunder.

Kanter, con los Thunder. (EFE)
Kanter, con los Thunder. (EFE)

Dos años sin pisar Turquía

Bien, ahí se encontraba, en Rumanía y sin poder salir del país, pues le faltaba el pasaporte necesario para hacerlo. Él en un futuro quiere ser ciudadano estadounidense, lleva dos años sin pisar Turquía por motivos políticos pero, por el momento, la única manera que tiene de moverse por el mundo es enseñando la documentación del país de Ataturk. Terminó resolviéndose el caso y él tomando lo más rápido posible un vuelo a Londres y, de ahí, otro a Estados Unidos.

Casualmente el día en el que acontecieron los hechos era el día de su 25 cumpleaños. Pero es difícil que en su vida vuelva esa efeméride vuelva a tener felicidad familiar, más que nada porque sus padres y sus hermanos, que aún residen en Turquía, hace años que le repudiaron por su disidencia política. “Mi hermano me ha dicho que tienen miedo de decir nada, no sé si podré volver a ver a mis padres algún día. Un día mi padre fue a la verdulería y el cajero le exupió en la cara por mi culpa. Me sentí fatal por ello”, narra el jugador que difícilmente será convocado por la selección de su país.​

Nunca ha callado su rechazo a Erdogan, al que ha llegado a definir como el Hitler de los tiempos modernos. “Juego al baloncesto, no soy un político o un periodista, pero tengo una voz y quiero usarla por la gente inocente de Turquía que está siendo castigada por expresar sus ideas y creencias”, narra en su misiva el pívot. “Recibo por ello amenazas de muerte constantemente, pero es porque Erdogan piensa que la libertad de expresión es peligrosa”.

Quien contacta conmigo va a la cárcel, aunque sea solo por seguirme en Twitter o darle me gusta a una foto en mi página de Facebook”, cuenta el pívot, ya a salvo en Estados Unidos. Un país en el que ha encontrado calma y “una nueva familia”, refiriéndose a sus compañeros. “Russ [Westbrook] me escribió para ver si podía hacer algo”, cuenta en su epístola.

“Nunca debemos olvidar lo importantes que son nuestras libertades aquí en América, eso es algo que aprecias aún más cuando te las quitan”, culmina Kanter su carta. Una experiencia única que sin duda no olvidará.

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