El fracaso del Madrid y el impuesto al que se enfrenta por no moverse el pasado verano

05.02.201805:00 H.

El engañado es el último en enterarse, lo que hace un poco más digerible que Zidane, hasta hace no mucho, haya estado defendiendo que el equipo no estaba tan mal. Lo del Real Madrid es una debacle en Liga, fue un fracaso en Copa y solo le queda la Champions para voltear esta partida. Salvo que alguien considere que las supercopas o el mundialito justifican una temporada entera, que es dudoso. Europa y solo Europa, como tantas otras veces antes. Las perspectivas, eso sí, son peores que nunca, porque el rival es el PSG, un coco, y el equipo no ha dado en tiempos recientes muchas trazas de vida.

¿En qué momento decidió el equipo blanco que esta temporada 2017-2018 no era la suya? Porque en algún instante se tuvo que tomar conciencia de que el proyecto había sido fallido, que la planificación no se había hecho con la perspectiva suficiente y que incluso en los días más suaves el equipo iba a sufrir. Quizá después del clásico, cuando el Barcelona ganó 0-3 en el Bernabéu y colocó la distancia entre ambos en 14 puntos. Aquel día el técnico aún no veía el descalabro, se decía capaz de seguir compitiendo por la liga, pero la fe en el aficionado ya estaba extinta.

Aunque igual el detonante de todo esto no tiene que ver tanto con un partido o una racha como con una filosofía. Es decir, este Real Madrid corto de opciones se empezó a fraguar -o a deshacer- en verano, cuando tocaba planificar. De entonces, datan las tiranteces entre el entrenador Zidane y el omnipotente presidente Florentino Pérez. El técnico francés consideraba que el equipo estaba falto de piezas, que un verano sin fichar es un verano prohibido. A lo largo de su tiempo de exfutbolista el galo ha ido mostrando buen gusto por algunos jugadores, antes de decidir ser entrenador se dedicó a ser una especie de consejero de Florentino, un susurrador que ponía nombres como el de Varane sobre la mesa y que, más o menos, iba acertando. No tenía responsabilidades, por lo tanto tampoco era analizado, pero se le suponía un buen gusto y una idea de fútbol que le hacía valioso.

No caer en la locura

El pasado verano dijo una serie de nombres, pero no fue escuchado. En el club sabían que Morata, que había llegado un año antes, se iba a marchar. El delantero estaba cansado de ser suplente y en el club asumieron que era mejor una despedida amable que obligar a un jugador a estar a disgusto. A nadie se le escapaba que había sido una pieza importante en el éxito de la temporada previa. Marcó muchos goles en pocos minutos y aunque no era una de las estrellas, sí se encontraba en ese limbo de los jugadores de complemento que Florentino Pérez -en su versión director deportivo- nunca terminó de ver como algo necesario en un club. En el descalabro de los Zidanes y los Pavones el club blanco reunió a lo más granado del fútbol internacional y lo combinó con una serie de niños asustados. Nadie era normal en aquel equipo. Y las consecuencias son por todos sabidas.

No se compró un recambio y se le dio la delantera en exclusiva a Benzema, completamente negado esta temporada de cara al gol. La segunda parte es solo culpa del atacante francés; pero la primera es solo cosa de la dirección deportiva, que eligió no ponerle competencia a un jugador con tendencia a dispersarse. El galo tiene muchos defensores que recuerdan que es un excelente jugador y que en eso compensa su falta de pólvora. El argumento es válido para no compararle con un rematador puro, pero cuando las cifras tienden a cero no hay balones controlados ni pases interiores suficientes que justifiquen su titularidad casi obligada. Eso último es cosa del técnico, que le adora, pero también de la falta de alternativas.

Lo más curioso de la inacción del Real Madrid es que llega a contracorriente. En el resto del mundo se han vuelto locos, el PSG, el próximo rival en Champions, asaltaron el mercado y generaron una ola de inversión casi interminable. En Concha Espina miraban casi extrañados, como si no formasen parte del mismo mercado, cerrando operaciones menores de jugadores jóvenes que, por el momento, se saldan con bastantes más sinsabores que alegrías. Son poco culpables, porque pedirle a unos jóvenes que arreglen el desaguisado es demasiado, pero jugadores como Llorente o Theo han hecho torcer el gesto a más de uno. Si son el futuro no lo han demostrado.

Muchos son los que aún no han entendido el conservadurismo repentino del club. Y quizá un caso sobresale por encima de todos los demás: Kylian Mbappe. 18 años, deslumbrando en Europa, es uno de esos pocos jugadores que entran por el ojo desde los inicios, que tras un rato de vídeo no dejan muchas dudas, en sus piernas hay potencial para algo grande. Todos los clubes lo sabían y el Madrid parecía el mejor posicionado en el mercado, al fin y al cabo era el campeón de Europa, no tenía grandes necesidades, por lo que no tenía que priorizar otras llegadas, y nunca hubo un problema de caja en el club blanco. ¿Caro? sí, por supuesto, pero probablemente menos de lo que lo serán jugadores peores en unos pocos meses, el mercado se ha desbocado.

GRAF4218. VALENCIA, 03 02 2018.- El delantero del Real Madrid Cristiano Ronaldo (i) chuta ante Ivi, del Levante, durante el partido de Liga en Primera ante el Levante que disputan esta noche en el estadio Ciutat de València. EFE Kai Försterling
GRAF4218. VALENCIA, 03 02 2018.- El delantero del Real Madrid Cristiano Ronaldo (i) chuta ante Ivi, del Levante, durante el partido de Liga en Primera ante el Levante que disputan esta noche en el estadio Ciutat de València. EFE Kai Försterling

El problema de entender el mergado

No lo hicieron. Pesó algo que en el Madrid nunca se había tenido especialmente en cuenta, que es la jerarquía salarial. Se venía a decir que el delantero no llegaba porque no se le podía considerar una estrella, que otros jugadores igual no veían bien una adquisición así. El club se negó a comprar su futuro y ahora se duele, porque igual Mbappe no hubiese modificado esta temporada aciaga, pero en todo caso sería una pieza preciada para una reconstrucción que ahora será obligatoriamente más traumática.

Curioso es también que en el mercado de invierno los blancos hayan estado absolutamente inmóviles. Durante años se consideró esta ventana casi como un auxilio momentáneo, no más que la asunción de un fracaso, pero en eso también ha cambiado el fútbol, al menos esta temporada. Ese es, quizá, uno de los mayores errores de la directiva blanca, que no parece ve por dónde se está moviendo el fútbol. Los rivales se han movido. El Barcelona por Coutinho, el Atlético con Costa, en la Premier ha habido más mambo que nunca. Pero los blancos no han sido más que observadores. No es falta de necesidad, es más bien cosa de filosofía.

¿Un balcón de 500 millones para fichar?

Pero esa lentitud de movimiento puede terminar resultando carísima a los blancos. Con una temporada aciaga, algo que solo puede solventarse ganando la Champions, el equipo no tendrá excusas para no tirarse al mercado. Y el mercado, ahora mismo, es una piscina llena de tiburones en la que los precios se han desbocado. No podrá Florentino pasar en esta mano. El verano obligará al Madrid a dos, tres o cuatro fichajes de nivel, una manera de remozar la plantilla casi entera. Y eso, en el cambio actual, puede significar algo en el balcón de los 500 millones de euros. Es posible que haya ventas, también millonarias, pero las negociaciones serán difíciles en cualquier caso y el presidente del club parece haber pedido su intuición futbolística.

Un club como el Real Madrid, una empresa que solo se puede comparar con tres o cuatro en el mundo del deporte, juega siempre partidas de ajedrez simultáneas. Tiene que ser el mejor en el ahora, porque cuando tienes un músculo así no valen tiempos de barbecho. Tienes que pensar en el largo plazo, saber cuáles son las piezas que necesitarás en el futuro para mantenerte competitivo. Y también necesitas entender tu entorno, conocer los caminos que va cogiendo la competencia, replicarlos, aplacarlos o modificarlos. El inmovilismo no suele funcionar, ganar una temporada no significa más que eso, un año perdido, para seguir ganando hay que seguir dándole vueltas al concepto. Y eso, además, cada vez es más caro.

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