Cuando Peterhansel, siendo líder del Dakar, "se quedó hecho polvo. Muy mal"

17.01.201716:46 H.

“Hubo un día que me llamó la atención porque vi cabizbajo a Peterhansel. Estaba hecho polvo. Muy mal. Fue en la décima etapa, iba líder y le marchaban bien las cosas, pero ese día había sufrido un accidente con un motorista (el esloveno Marcic) al que fracturó la tibia y peroné y debió abandonar. Aquella tarde-noche estaba mal…”. Darío Rodriguez vive desde un particular ‘palco VIP’ cada edición del Dakar. Como sanitario, encuentra anécdotas antes, durante y después de cada etapa, que intenta escribir cuando puede en su muro de Facebook “para que no se me olviden… aunque normalmente no escribo ni una décima parte de lo que me pasa en un día”.

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Manchego de Ciudad Real, lleva seis dakares de experiencia velando por la salud de la cabalgata que conforma esta gran aventura. El día que vio débil a Peterhansel no es el único rostro que se le grabó en la retina de esta edición, “también la de Carlos Sainz cuando debió abandonar”. Herido en el orgullo y “mostrando que es un auténtico Matador, quería volver al ruedo”. Peugeot ni intentó arreglar el vehículo que él mismo había diseñado y tuvo que coger un avión de vuelta hacia Madrid (el Dakar le espera para 2018).

Darío Rodríguez junto al Peugeot de Loeb.Darío Rodríguez junto al Peugeot de Loeb.

Los gritos de desesperación de Sunderland

Con más simpatía recuerda el gesto de Sam Sunderland, ganador en motos: “En octubre de 2015 y a tres meses del Dakar, en el rally Merzouga, sufrió un accidente por el que se rompió clavícula y fémur, aunque cuando llegué, los gritos que estaba dando eran más por el dolor que le suponía perderse el Dakar… Fui el primero en atenderle y comencé a hablarle en la lengua de Shakespeare mandándole mensajes de ánimos y haciéndole ver que la vida no se había terminado y que tendría más oportunidades en el futuro. Que estas cosas pasan… Pues en este Dakar, le fui a saludar y me reconoció. No hablamos de aquel Rally Merzouga -por supuesto-, pero me hizo un regalo en muestra del cariño”, relata con sensibilidad Darío, la misma que intenta transmitir cuando está ante un piloto herido.

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Buenas charlas ha tenido con los más veteranos del Dakar, el camión de KH7 cuyos integrantes suman 72 dakares… El piloto Jordi Juvanteny, el copiloto José Luis Criado y el navegante Enric González son el ángel de la guarda de medio pelotón, “son los más solidarios de todo el Dakar. Si ven a alguien en apuros allá que van a rescatarles con su 6×6. Uno de los días, su labor fue espectacular y comenzaron a sacar a una barbaridad de participantes hasta que, de repente, se quedaron ellos… Y había por allí una excavadora, algo con lo que Juvanteny está muy familiarizado, se subió a ella ¡y comenzó a desenterrar a su propio camión! La excavadora también se quedaba pero la sacaba con su pala. Fue tremendo”.

Sam Sunderland, antes de una salida, fotografiado por Darío.Sam Sunderland, antes de una salida, fotografiado por Darío.

Cuando llaman para rescatar al coche escoba

Las anécdotas con el KH-7 Epsilon Team no terminan aquí: “En otra ocasión me comentaron que estando en etapa se les enciende el iritrack recibiendo una llamada desde París, ¡era la propia organización pidiéndoles ayuda porque su coche escoba se había quedado atascado! Allá que fueron y cumplieron su misión. A la llegada al vivac, comentaron a un personal de la organización lo que habían hecho para que les devolvieran el tiempo perdido (algo habitual cuando se realiza una parada para socorrer a alguien) y se les apuntó que debían proceder mediante una solicitud formal, como el resto… “¡Pero si habéis sido vosotros los que nos habéis llamado!”, dijeron. Y se pillaron tal mosqueo que se fueron sin reclamar… Son unos fenómenos que no van por el tiempo, sino por la aventura”.

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El Dakar no sería lo mismo sin la humanidad que aportan Jordi, José Luis y Enric, comparable a la de Darío o a la que esperaba encontrar un piloto japonés de camiones que entabló amistad con el manchego en la pasada edición del Silk Way Rally, la espectacular ruta de 10.000 kilómetros entre Moscú y Pekín. “Me dijo que estaba disfrutando mucho porque esto era la cima. Todo el mundo quiere ir al Dakar, pero que aquí la gente iba “muy, muy rápido. Aquí se corre mucho”, me comentaba sorprendido, al tiempo que no entendía el excesivo “espíritu de competitividad que reinaba”. No entendía cómo había veces que preguntaba por las presiones de unas ruedas y no encontraba respuesta… “que eso lo haga quien corre para ganar o terminar de los primeros, bueno, pero el resto…”, me decía”.

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El Dakar es el Dakar, y el de esta edición “ha sido muy bueno. Se ha visto otra cosa en el roadbook, la navegación… se ha luchado mucho contra las ayudas técnicas y era difícil, los comisarios se han puesto muy pesado con ello y creo que se ha conseguido”, opina Darío.

El Dakar 2017 ya es historia y ahora tiene en mente Marruecos, Merzouga… ¿repetir nuevamente el impresionante Silk Way Rally? “No cierro la puerta, pero este 2016 ha sido muy duro…”, indica este cazador de aventuras y apasionado del deportista que pone su vida al servicio de la velocidad, el polvo y el barro. Ya se verá su agenda de este 2017, aunque seguramente cambie parte de esas sensaciones por otro tipo de aventura. Se va a convertir en piloto y copiloto de un vehículo muy especial.

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