Mykki Blanco improvisa 4 escenarios en el viernes de FIB 2017

“¿Dónde está Mykki Blanco?”, era la pregunta que cabía hacerse a las 20.30 frente al escenario en el que tenía que actuar el artista en la segunda jornada del FIB. Después de más de 10 minutos de technazo, el artista finalmente apareció sobre las tablas, y mientras su DJ pinchaba bases cercanas al techno, al urban y al sonido Mad Decent, Mykki escupía sus letras ultra concentrado, portando una suerte de minifalda y pelucón, que parecía que iba a ser una parte decisiva del espectáculo… pero no.

La parte decisiva del espectáculo era el propio Mykki Blanco. Aquí a nadie le importaba qué cantaba o qué dejaba de cantar, qué llevaba puesto o qué no. Tirando por lo performativo, se tiró al público, pidió formar un círculo a su alrededor en el que pudiera actuar, se subió a una plataforma en la que la gente estaba sentada y bebiendo, ocupó el motel que protagoniza el escenario South Beach, se hizo con un contenedor de reciclaje y lo empujó mientras el público (medio millar de personas) le perseguía allá por donde iba… largo etcétera. Una vez de vuelta al escenario de verdad se valió del globo gigante y pesado que la gente lanzaba de mano en mano, y así. Una risa continuada durante 40 minutos en la que no pudimos parar de admirarle, aunque parece que el que peor lo pasó fue él: hubo un momento en que el micro no alcanzó a donde quería llegar en el recinto y sus últimas palabras fueron de cabreo: “Mi show requiere de 2 micrófonos, ¿vale?”. Un grande.

“Yo no me voy a Temples” fueron las sabias palabras que una compañera me dijo mientras presenciábamos atónitos el singular show de Mykki Blanco. No era una opción largarse de allí, pero había tiempo de ver la mitad del set de la banda al término de Blanco. Preciosa y muy coreada esa joya llamada ‘Mesmerise’, en un concierto correcto en su recreación psicodélica, que algunos fans celebraron cantando todo de pe a pa (y con peinados muy parecidos a los de estos artistas).

Parecía que no había españoles el jueves en Benicàssim entre Ride y Stormzy, pero aparecieron bastantitos en el concierto de Joe Crepúsculo. El set comenzó algo monótono, casi rutinario, entre ‘Te voy a pinchar’ y ‘Rosas en el mar’, pero se vino completamente arriba, como era de esperar, primero cuando subieron Luciana de Svper y Tomasito a las muy audibles palmas y taconeos, y segundo cuando le empezaron a dar al bakalao. No faltó el coctelero de la calle Pez, ni Nacho Vigalondo, ni nadie en general. Cuando sonaron seguidas ‘Pisciburguer’, ‘La canción de nuestra vida’, ‘Suena brillante’, ‘Maricas’, ‘A fuego’ y ‘Mi fábrica de baile’ con Lkan, Pero tú te has visto DJ y otras personalidades de “la escena” como cuerpo de “baile”, el éxito estaba garantizado. De lo más divertido del día, como siempre.

Más decepcionante fue el concierto de Los Planetas en el Escenario Las Palmas. No faltaron hits como ‘Pesadilla en el parque de atracciones’, ‘Segundo premio’ o ‘Un buen día’, pero sí faltó muchísimo volumen y un poquito de voluntad por conquistar a público nuevo, a guiris o a gente que dude de ellos, la cual existe. Hay que rendir pleitesía a un grupo que en 2017 se ha sabido renovar con ‘Islamabad’ (la primera del set), que reivindica a Camarón (cambiaron la letra de ‘Zona autónoma permanente’) y que ha aportado tantísimo a la cultura pop del país… ¿pero están sabiendo comunicarlo? A las 0.45, a cinco minutos de terminar, parecía que se habían ido cuando empezó a sonar una canción de Bowie por megafonía. Parecía que directamente pasaban. Por suerte, volvieron para hacer la gran ‘Alegrías del incendio’, que comenzaron desenchufados. Tan encantadores como algo desubicados y sobre todo acomodados.

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