‘Britney Ever After’ es peor de lo que prometía… pero tiene un punto bueno

mypictr_380x225-4Lifetime ha emitido finalmente ‘Britney Ever After’, su biopic sobre Britney Spears, y no ha decepcionado. Como producción, la película es un absoluto despropósito, mucho más mala de lo que prometía, y como narración biográfica tampoco es exacta ni convincente, aunque tiene un punto bueno. Eso sí, suspende por varios motivos.

Sin iconografía reconocible: Lifetime no ha conseguido autorización legal para usar la música de Spears en la película -en su lugar, utiliza reproducciones paupérrimas de lo que podrían ser canciones de Britney-, pero tampoco ha compensado esta carencia repasando su iconografía. Los “cheetos” tienen un 100% más de protagonismo en toda la cinta que el uniforme de colegiala, el mono de vinilo rojo, el beso con Madonna o el traje de domadora de circo. Solo la serpiente de ‘I’m A Slave 4 U’ goza de un protagonismo medio digno y porque aparece… durante un ensayo. Sí se representa con claridad la desastrosa actuación de Spears en los MTV Video Music Awards de 2007, pero la interpretación de Natasha Bassett es tan ridícula que la parodia de ‘Casi 300’ parece de Oscar. La película, que se enmarca en el documental ‘For the Record’, termina pues en 2008, conque Las Vegas es como si jamás hubieran existido.

Britney, más telonera que estrella: 15 minutos dedica ‘Britney Ever After’ a la época en que Spears telonea a *NSYNC en Estados Unidos para casarla en Las Vegas y luego con Kevin Federline no mucho rato después. Justin es un personaje crucial en la vida de Spears, pero a causa de esto, ‘Britney Ever After’ no ofrece un desarrollo gradual creíble de su popularidad ni plasma la verdadera envergadura de su fama a principios de siglo, como tampoco ofrece un reflejo certero de la presión mediática descomunal que sufriría la cantante años después. En su lugar, el espectador atiende a un personaje infantil, caprichoso y llorica cuyo dramatizado descenso a la locura nunca termina de proyectarse en pantalla y, por tanto, de justificarse.

La época “white trash” de Britney se toca de pasada: De la misma manera que ‘Britney Ever After’ no da una visión reconocible de lo que fue la fama de Spears en su momento, la cinta tampoco ahonda con especial gracia en sus años “white trash” con Kevin Federline y posteriores, y eso que hay episodios para llenar un libro. Apenas el episodio del bebé cogido mal en brazos se ha recuperado aquí y la actuación es de “facepalm” monumental. Por cierto, su antiguo manager Sam Lufti evidentemente aparece en ‘Britney Ever After’, pero de nuevo, su problemática relación con Spears se refleja vagamente y el espectador nunca llega a entender su verdadera dimensión, que fue mucho más siniestra de lo que da a entender la película.

Demasiada presencia de rumores irrelevantes: El viejo rumor según el cual Britney arruinó una sesión de fotos con OK! Magazine en 2007 cuando dejó que su perrito defecara encima de su vestido de 7.000 dólares es una de las historias sobre Spears más delirantes que existen, pero ‘Britney Ever After’ le otorga una importancia desmedida en su sugerido descenso a la locura. En realidad, esta historia aporta tanto a la película como los rumores de la supuesta cinta sexual de Britney y Justin robada o aquel que explica la vez en que la pareja, ya separada, resolvió una discusión con una competición de baile en un club de Los Ángeles. Nada.

Los peores episodios de su vida son anecdóticos o se omiten: El rapado de Spears en 2007, que acaba de cumplir 10 años, es anecdótico en la película, hasta el punto que se representa en planos que duran un pestañeo, cuando simbólicamente son históricos. El ataque de Spears a los paparazzi con un paraguas solo unos días después tampoco se representa con exactitud. El llanto de Spears sentada, descalza, acompañada de su perro y acosada por paparazzi en las afueras de su casa se sobredramatiza hasta el ridículo. Su ingreso involuntario en un centro de salud mental en 2008, por el que la cantante pierde la custodia total de sus dos hijos, es completamente omitido. No esperábamos más que una película de serie Z de ‘Britney Ever After’, ¿pero justifica esto las carencias de guión?

√ Sí, los problemas empezaron mucho antes que en 2007: ‘Britney Ever After’ sí consigue disipar la noción de que Spears se volvió “loca” en 2007 de repente o de que Kevin Federline fue el origen de todos sus problemas. En este sentido, la cinta hace un buen trabajo de reposicionamiento histórico, recordando que los paparazzi empiezan a causar estragos en su salud mental ya en los tiempos de su relación con Justin Timberlake y que es su ruptura con él, la soledad de las giras y sus ansias de experimentar una vida “normal” fuera de la cárcel que para ella suponía la fama las causas reales de la crisis nerviosa que desembocaría en sus bajos episodios de 2007 y 2008.

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